18 de febrero 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

A Lavagna, y compañía, habría que refrescarle el concepto de «confianza»: que resulta algo raro de encontrar y, por ello, muy apreciado. Para ganarla, la confianza debe ser absoluta. No se puede confiar a medias en alguien, o que alguien confíe a medias en nosotros, así como una mujer no puede estar medio embarazada. Crear confianza donde no existe exige un cambio radical y la sinceridad total.

Pues bien, este señor ministro, más todos los componentes del gobierno, y ahora posiblemente con la anuencia de legisladores que escuchan los más tontos argumentos, nos tiene a los argentinos «medio embarazados» con el Fondo, con el futuro, y colabora solamente para que la confianza no se pueda restablecer. Y se dude de todo. Porque está ya claro que existieron otros «paper» firmados con el FMI, más allá del que se dignaron dar a luz para la población. El título de nuestro diario, resultaba terminante: «Admitió Lavagna que firmó carta paralela con el Fondo». Y después de no poder encubrir el asunto, se afirmó en el argumento de: «es un informe técnico conexo, que por razones políticas no se puede dar a conocer...». Terrible. ¿Las razones políticas de quiénes, de los que detentan el gobierno transitorio? ¿Del propio Lavagna a quien quieren ahora vender como «presidenciable»? Como también agregó «motivo electoral», da para cualquier hipótesis. Y rematando con que «después del 25 de mayo, el gobierno que asuma podrá difundirlos...». ¿Qué paquete deberá abrir el que deba asumir? Una vergüenza. Para ganarse el título de la prolijidad, de mantener todo en calma, y de llegar a ese «acuerdo» al que no llegaba nunca: el señor ministro se dio el lujo de firmar, por todos, un convenio sobre el que hay que creerle lo que dice, porque se niega a mostrarlo. Y, lo peor, es que nadie parece exigírselo...

Si se repasa aquel concepto inicial sobre la confianza, la necesidad de ganarla y la condición indispensable de no darla a medias, darla toda, esto es un nuevo bochorno para el país del descrédito absoluto. Hacer un cambio radical y sinceridad total, para regenerar la indispensable confianza, es una fórmula cada vez más lejana. Pero, alguien que puede negar la inflación y quedarse con impuestos de ganancias irreales. O que puede desmerecer al INDEC y tratar de imponer su propia estadística, porque le molestan ciertos datos. O bien, que puede darse el lujo de firmar algo sumamente delicado y negarlo al conocimiento público. Probablemente sea alguien que, habiendo entrado por una ventana al poder, posea más «superpoderes» que el otro ministro huido. ¿Alguien leyó, pudo oír en los medios, planteos de este tipo ante este avasallamiento al ciudadano? No. Y todo parece pasar porque el dólar esté quieto, o que la inflación no se desmadre, o ver cómo se financian «piqueteros» para que no aumenten la presión. Y, esto sí, todo para después de mayo. Estos son los valores sobre los que se asienta todo.

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