Todavía se sigue discutiendo sobre el sexo de los ángeles verdes monetarios -los dólares-; que si tienen que estar en $ 3,50, o si la línea de corte debería resultar de $ 2,80 -dólar «Pat Gay»- o bien $ 2,50 (dólar Llach), y así se podría armar una regia encuesta-ranking para poder comprobar qué abiertas pueden estar las puntas, entre los «toros» y los «osos» del dólar. La mar de fórmulas, cualquier tipo de disquisición, como si el dólar no fuera un activo sujeto al mercado y, en tales condiciones, tan volátil como «la pluma al viento», o una acción empresaria. ¿No hay cuestiones más fundamentales para discutir, a solamente unos días de las elecciones? Entre los Conzi, el dólar y ahora también el fútbol, transcurren muchos días de argentinos que se ven atosigados por esas discusiones públicas, que se trasladan al ámbito familiar, pero nada parece descorrer el velo político, que tiene sobre brasas a las empresas y que ya lo mencionan sistemáticamente en sus balances. A ningún directorio más o menos serio le importa demasiado cómo le han cerrado los números hasta ahora: es como si supieran que vienen del octavo piso, rumbo a la vereda, y que al pasar por el cuarto -viejo chiste que contaba Juan Carlos Marecoy los demás les preguntan «cómo andan», contestan: «Hasta aquí voy bien...». Si la cuestión del voto resultará tan ardua como nunca en la historia. Estando en situación límite, como jamás, más vale que todos nos vayamos colocando las pilas: porque la lista de candidatos... es lo que hay. De lo contrario, habrá que coincidir con la definición sarcástica de Borges acerca de la democracia y convenir en: «Es una superstición basada en la estadística». Los candidatos no hacen mucha fuerza por clarificar nada, con sus propuestas volátiles y donde -en muchos temas-parece que apenas sospechan, en lugar de entender el problema para hallar la solución. Pero si a esto se agrega un votante preocupado por hechos policiales o deportivos, y que siga pensando que toda la culpa es del Fondo Monetario, la resultante de esta ronda demo-crática tan puesta en juego puede ser letal. Como lo que leemos de muchas sociedades que han enviado sus balances a diciembre, tomamos el estado contable como una visión superficial de un período notablemente atípico, y solamente pensamos en qué habrá de pasar después de abril. ¿Incorporan el precio teórico del dólar las cuestiones asociadas, que no tienen que ver ni con las reservas ni PBI ni nada numérico? Los que opinan y no lo hacen son tan incrédulos como el que compra una acción pensando sólo en el valor libros, o en el PER. Nos enseñaron, desde las inferiores de la Bolsa, en las «catacumbas» de su sala de lectura de balances, que es mucho más importante saber quiénes forman el grupo de control que los números de un cuadro de resultados. Y lo mismo se podría decir para juzgar el valor supuesto de cualquier activo que cotice, como el dólar. Hoy, no tiene precio...
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