7 de marzo 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Catamarca pareció dar razón a esa definición que evocáramos -de Jorge L. Borges-, cuando dijo que «la democracia es una superstición, basada en la estadística». En este caso, a diferencia del funesto acto de los radicales, ni siquiera se llegó a completar la segunda parte de la aseveración borgiana. Porque no hubo «estadística», todo quedó abortado a poco de comenzar a votar, a apenas unos pasos de hacer «estadística».Y así, aquella cruda definición de Borges quedó mucho más dura todavía, pero muy real para sacar una conclusión del acto electoral catamarqueño allí, «la democracia es una superstición...» (basada en... nada). A unos días de esto, una señora gobernadora -de San Luis- tomó la decisión de «atrincherarse» en el ámbito de Tribunales, ante la pasividad de todos los medios que concurrían a reportear a quien les daba una nueva nota «colorida», para cumplir con el día. Ninguna prueba falta, para saber que estamos en un país sin límite alguno, donde hasta los hechos más inimaginables, que quizás espantarían de sólo pensarlos en abstracto: se dan y se repiten. Cabe consignar que en ese día, después de lo de Catamarca y en la fecha de la «trinchera» de San Luis, el Bovespa seguía sin operar -en medio de su carnaval, poblado de gente disfrazada de soldados- y el recinto porteño festejaba estos carnavales, moviéndose sigilosamente hacia ese objetivo resbaladizo de llegar a los «600» puntos, que le cuestan...

Todavía luchando, por lo que había podido colonizar en mitad de enero, el contragolpe de los «osos» desalojó a esos pioneros del índice buscando otras alturas. Y el mercado, más que querer ignorarlo, parece solamente disimular su preocupación por todo lo que va encerrando una salida democrática, que no termine en «superstición» prontamente diluida.


Si el inversor enciende el televisor podrá encontrarse con algún conductor periodístico que le asegure que «el gobierno somos todos...» (no, hermano, en todo caso seremos el Estado. El gobierno es de los ocupantes de turno. En esta época, como si fuera una casa tomada). Las ideas sobre «la segunda vuelta, de las nuevas alianzas y -peor- del que gane durará poco», están ganando espacios públicos. Y se mencionan con la mayor naturalidad. Que, por provenir de políticos, resulta ser «contra natura». Vamos al centro, cerca de la Bolsa nos encontramos con alguien que nos arroja la novedad que ha descubierto: «¿Sabe que en los aledaños a los despachos del Directorio del Nación, hay colgada una enorme imagen de quien fuera presidente del banco solamente una semana? Lo que impresiona es el tamaño...». No nos preocupamos por ir a corroborarlo, porque no nos extraña en absoluto. A menos, claro, que nuestro hombre se haya confundido de imagen ¿O será él? En el recinto, suben Minetti y Sol -5% y 7% como si tal cosa- baja... cualquiera. El volumen se arruga, no hay más que $ 16 millones para acciones.
Y cuatro gatos locos.

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