18 de marzo 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

¡Hola!... hoy es «martes 18». Y bien viene recordar aquello de «amanece, que no es poco...». No, no es poco para la época -y menos en estos días- saber que el mundo todavía puede ver amaneceres. A partir de esto, todo lo que venga durante el día puede ser tomado con más calma. Siempre con el mismo principio de acción de retardo entre lo que escribimos y lo que aparece cada día en la columna, la vieja Olivetti 32 está tipiando con sus calderas al rojo, en la madrugada del viernes 14. Y venimos de una rueda del jueves donde las Bolsas del mundo dieron muestras de estar en una zona de «sobreventas» feroces. A tal punto que entre el Dow y el NASDAQ repuntaron de tres a más de cuatro por ciento, y que la tan sobria plaza alemana se mandó un rebote de más del seis por ciento. No, seguramente, por ingreso de capitales frescos -que tardan para salir de abajo de las trincheras- sino por los que se habían pasado de velocidad, previendo toda una semana cada vez peor, y saturaron los sistemas con ventas de «aire».

Las descubiertas, las que precisan ser cubiertas a todo tren cuando el mercado da una sorpresa, pega la vuelta y se va para arriba. Y es que también se hace cruda realidad, aquello de: «Nunca es demasiado bajo para un bajista...». Se estira la goma, después hay que salir como se pueda a cerrar las brechas. Y se juega contra la propia plata, porque cada «sobrevendido» colabora para irritar y poner candentes los precios de aquello que buscan para cubrirse. En la otra punta, claro, los están esperando y no para hacerles fáciles las cosas...

Casos famosos hay en la historia, especialmente de Wall Street, donde la lucha entre pesos pesados -pesados de verdad, tipo Morgan, Vanderville, Livermore- terminaba cuando ponían a uno en el «córner» (lo arrinconaban, sabiendo de la necesidad de tener que comprar obligados) y lo asesinaban, hasta hacerlo perder fortunas.


Esto es lo que nos quedó como señal más notoria sobre el estado de los mercados del mundo, preguerra, y no es poco, ¡caray!... Es como si amanece cada día, saber que las plazas están en nivel de sobreventas al límite. Porque cualquier noticia, más o menos alentadora, puede hacer dar saltos recuperatorios formidables. Al menos, para cortar esa depresión de índices que termina en una espiral tan peligrosa. Saliendo de la caída en «tirabuzón», teniendo cierto gobierno sobre las naves bursátiles, se eliminan perfiles que se habían asomado siniestros. Claro, no sabemos qué ha sucedido con el lunes 17 y el fin de semana previo; es un dato crucial al que no tenemos acceso. Solamente, a descifrar esos tiempos de cuenta regresiva que depararon un jueves de repuntes, mostrando que se está a la espera de que exista la alternativa. La «cubierta», la famosa cubierta y el juego de los bajistas en corto suele prestar su servicio importante a los mercados de riesgo. Aunque se los vitupere.
Mientras el inversor se esconde... ¡el especulador hace mercado!

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