15 de abril 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

¿Seguirá así, hasta resolverse las elecciones? Puede ser largo, especialmente si la segunda vuelta casi es un hecho estadístico. La fastidiante neutralización del mercado local, colocado en un punto muerto por varias sesiones consecutivas, parece estar envuelta en ese manto espeso y candente, como el que cubre el Riachuelo en verano, pero que proviene de la incertidumbre por las elecciones y -tal vez- por el día después, del nuevo gobernante...

En apariencia, «sobra el dinero», a juzgar por novedades que hablan de bancos rechazando depósitos, porque -según se menciona- no hay pedidos de créditos. ¿Dan créditos? Si el dinero es lo que sobra, seguramente que hacia la Bolsa no se dirige nada, debiendo el circuito andar chirriando por las jornadas y con sus ruedas faltas de lubricación esencial. De pronto, cayendo a pique con no más de doce, trece millones, en otros casos viéndose las acciones vapuleadas por los certificados foráneos. Lo que está más a la mano son las elecciones, un buen argumento para que todo aquel operador que deba dar explicaciones, se afirme del pasamanos electoral hasta tratar de ver qué es lo que sucede. En otro pasaje era atribuible a la guerra, a la incertidumbre haciendo presa de Wall Street y desde tal centro, emanando opacidad para todos. Pero el tema se encaminó a como se podía prever que deseaban los operadores y por allá nada sucedió. Entre idas y venidas, el Dow vino perdiendo en el año, mientras a Buenos Aires se le esfuman las ansias de pasar de los 600.

Para intentar discernir
adónde vamos, tendríamos que estar en cierto conocimiento de dónde venimos, pero las dos son incógnitas sin resolución global. O es patrimonio de mil soluciones, según se hable con tal o cual analista o pronosticador. Los «grafistas» acaso puedan auxiliarnos, diciendo qué es lo que les cantan esos dibujos de barras, cabezas, cuellos, banderas y triángulos, y si es cierto que todo lo tiene el mercado «descontado». En todo caso, ha descontado tanto que se quedó sin una moneda, para tomar algún vehículo que lo deposite en una dirección, pero andando...

Lo que se observó en días pasados es el martirio del bolsista, el infierno que provee de todos los elementos para poder operar, le ofrece una butaca, café, el celular, una buena lapicera, la calculadora... pero
no le hace mercado. Decíamos, en comentario del día para una de esas ruedas siniestras, que las órdenes son una especie en vías de extinción. Nos gustó la metáfora, parecía reflejar la realidad de dinero que ha desaparecido de los lugares que solía frecuentar, pero tampoco los papeles accionarios están puestos en gran cantidad. Es el clásico «me siento y espero a ver qué pasa», o no sobre el dinero o sobre el papel, mientras las jornadas se van en un tejer y destejer. Aguardando a un Ulises que se decida a darnos la gran alegría de su vuelta victoriosa, rebosantes los navíos de tesoros y especias. ¿Estará ese Ulises a disposición, se encuentra en la lista de candidatos?

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