6 de mayo 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Nos preguntamos si a esta altura de la tendencia, muchos son los que se preocupan por el «valor» de las especies al margen de los precios que posean. Nos da la sensación de que estamos en esas zonas donde se busca «comprar Bolsa», o después «vender Bolsa». Y por allí se ven encaramados ciertos títulos que sacan partido de la doble condición: a) la tónica general, a favor de modo notorio; b) el hecho de gozar de liquidez de papeles, cuando otras plazas se ven disecadas. Y consiguen evoluciones a las que costaría bastante justificar desde el punto de vista del «fundamentalismo» bursátil, pero que no perjudica porque a la mayoría poco interesa. Son las delgadas paredes que esperan a un mercado de inversión bursátil, de otro donde el juego de azar pareciera ser el dueño del recinto. Lo que se suele olvidar es que bajo cualquier situación, siempre conviene estar en posición de los mejores «bombones» que puedan consumirse, antes que tomar cualquiera, por el simple acto de querer tener papeles. Porque de los mercados se puede saber exactamente cuándo se entra, pero no es tan determinado precisar cuándo se sale. Y si una plaza de escasas condiciones llamara a cerrarse, porque el movimiento general se contrae o llueven aguas contrarias, el tiempo de permanencia estará dado por las circunstancias, no por el potencial vendedor. Que, de toda la vida, siempre se quiere salir primero en medio de los aludes vendedores, o que el comisionista le consiga un comprador, aunque sea traído de las solapas. Y no pasa.

Seguimos pisando terrenos pantanosos; nada está debidamente resuelto en el curso del país. Y el consejo acerca de no ceder en la gran posibilidad de elegir «candidatos» accionarios, entre todo lo que se ofrece, puede ser una buena alerta para modificar la manera de encarar la inversión en momentos como los actuales. El siempre presente riesgo de «quedar parado» con especies de pésima calidad resulta uno de los que no se contempla previamente y cuando el entusiasmo gobierna a una tendencia. Incluir la posibilidad de tener que permanecer en la posición por más tiempo que el deseado, al menos es mucho más aceptable si se sabe que los títulos seleccionados sostienen argumentos intrínsecos que lo harán potable a cierto plazo. Y allí se encontrará el desquite. La fórmula, además de cotejos de números de balances, de rubros, de asesoramiento por parte de quienes conozcan las plazas desde adentro, atraviesa también un axioma muy simple:
«Si usted no compraría ese papel, véndalo...». Puede suceder que en el momento de la erupción, algunas buenas piezas, con excelentes condiciones, se hayan ido de largo en el precio y allí es malo también insistir, con algo que muestra perfiles de madurez. Es el momento de preguntarse si uno optaría por comprarlo ahora, a esa cotización, aunque ya lo tenga en su cartera.Y si la respuesta es «no», lo aconsejable es desprenderse de él.

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