6 de junio 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Cuando ciertos rasgos negativos del nacionalismo -que no es perjudicial en su estado puro- parecen querer ser excitados por algunos sectores de la sociedad y provocar la nociva antinomia de empresas locales vs. extranjeras, nos parece bien que sociedades de porte den a conocer públicamente los números de sus aportes en el país. Porque lo nacionalista mal llevado también posee sus ecos mediáticos, donde se bajan líneas creando un hilo conductor entre lo que ganan las firmas y lo que se remesa hacia afuera. Mucha gente, el ciudadano común, se crea la imagen de que han venido a explotar una veta dorada, sacan lo suyo, llenan las alforjas y nos dejan desvalidos. Los funcionarios no se encargan en aclarar nada, porque también es una manera de cubrir sus propias pésimas administraciones, donde resultan víctimas políticas inocentes de ogros como el Fondo Monetario o compañías foráneas. De ahí que al recibir el informe distribuido por Repsol YPF nos pareció apropiado extraer datos puntuales y que más de un lector tenga una razonable visión sobre lo que dejan en las cuentas públicas estas empresas. Por caso, la sociedad mencionada es el principal contribuyente del país. Durante el año 2002, la compañía petrolera sumó a la recaudación impositiva un total de: 5.401 millones de pesos. Un 28% más que en 2001. Para lo que va de 2003, la cifra está ya en los $ 1.545 millones por impuestos, unos $ 400 millones son pagos a las provincias por regalías de petróleo y gas. Lo contribuido en 2002 fue equivalente a 7,6% de la recaudación total de la AFIP en el pasado año.

Sus inversiones en estos meses alcanzaron a los $ 440 millones, de enero a marzo, cuando en 2002 habían sido 800 millones de dólares en el año. RepsolYPF genera empleo a más de 20.000 personas, con 8.844 en forma directa y unas 11.500 en personal contratado y contratista. Son cifras para tenerlas presentes antes de entrar en el plano de suponer que todo lo que pueden ganar se lo llevan, como si entre las facturaciones o los despachos no existiera nada más que el costo y la utilidad de la línea final. No tenemos ahora todos los demás datos de los grandes gigantes foráneos que trabajan en el país y cuánto representan de los impuestos totales. Pero, hace a la justicia de opinión -cuando se dan cifras breves en ciertos programas- que siempre se incorporen los aportes con cargas de distinto tipo, más las inversiones y los puestos de trabajo. Sucede que las modas nuclean mayorías, parece que el ponerse «del lado de la gente» y no de parte de la verdad es un artículo primero de muchos que dicen informar a la opinión pública. Más allá de los cambios de convenios firmados y no respetados, de aprietes políticos y de todas esas especialidades de funcionarios.


Las sociedades, en general, están pagando mucho de más por un juicio arbitrario de no reconocerles la inflación (de ahí el crecimiento del Impuesto a las Ganancias, sobre el IVA) y las que dependen de un acuerdo tarifario continúan congeladas en los incrementos. Pero viene bien que sean blanco de críticas (para sacarse la responsabilidad de administrar).

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