4 de julio 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Inevitablemente, algunos creen que los ciudadanos tienen puesto el cartel de «tontos». Lavagna acaba de realizar aquello que hacían los malos «researchs» durante la zona del boom 1992. Que es, proyectar alguna suma o porcentual del presente hasta llegar a la cantidad de años necesarios para que esto coincida con lo que se desea hacer coincidir. En lo que es afín a lo bursátil se utilizaba para que los precios alcanzados por las acciones en aquellos tiempos, y que hacían volar por los aires los ratios de precio/utilidad, llegaran a amortiguarse debidamente, en una proyección de X años. Claro, el detalle era dar por supuesto un escenario de variables constantes y que permitieran repetir los beneficios de ese trimestre a un ritmo parejo.

Ahora, el funcionario proyecta una tasa de crecimiento a diez años para decirnos que allí se encontrará la abundancia. No da ni para analizar siquiera dónde estará Lavagna dentro de diez años. Para la Argentina, en sus condiciones y con una parva de problemas de fondo, hablar de una década es mencionar un larguísimo plazo. Acaso en países con otro poderío, esa cantidad de años resulte sólo un mediano plazo. Pero en todo el mundo, y como se están comportando políticas, economías, situaciones sociales o bélicas, no debe ser común que se piense en diez años. Y ya que está de moda Keynes, valdría recordar su contestación cuando le preguntaron sobre cuál creía que sería la efectividad de su teoría en el largo plazo: «En el largo plazo, estaremos todos muertos»...

Con correcciones de crecimientos que están surgiendo en todas las economías, aquí también habiendo bajado el entusiasta cálculo del que se hablara hace unos meses, alguien piensa en proyectar lo que se tiene tomado con alfileres para decirnos qué sucederá si eso se sostiene en diez años. Más vale, como les decíamos a aquellos analistas del '92, tiren proyecciones a veinte años, así la sensación de la fortuna general será todavía más contundente. ¿No le parece?

Tema bursátil puntual: la corrección del Merval, nuevamente contraído en especies a través de la concentración de negocios que se produjo, cuando el mercado tomó altura y carteras fuertes hicieron pie en los nombres más líquidos. Esto no es a pedido ni por voluntad de alguien, sino por las normas técnicas del indicador ponderado. Pero, venir a 14 papeles, de los más de 30 que se tenían, es una saludable corrección natural para que esto resulte un ín-dice que represente el total, pero sin mostrar a casi todas las que operan. Ahora, la incidencia de
PC llega a 16,5%, la de Galicia es de 14,95%, después viene Acíndar con 12,64%, el Bansud aparece cuarto, con 11,26% y los dos dígitos cierran con Telecom y 11,02%. En el listado argentino, los primeros lugares son los mismos, aunque hay más distancia entre el peso de PC, con 17,22% y 15,6% de Galicia. Acíndar es allí 13,19%. Así que 30% del mercado está en el índice ponderado, junto a PC y Galicia. Con las primeras 4, se supera 50 por ciento; con la quinta, 65%.

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