La primera semana de julio, lamentablemente, tuvo dos fechas truncas para el análisis: el lunes, porque resultaba todavía la rueda final del mes anterior. Y el viernes, porque el circuito exterior estaba fuera de juego, ante el feriado en los Estados Unidos. Las tres jornadas del medio fueron para verificar un principio de vuelta de página, junto con el cambio de semestre, y así como las señales de la economía local tendieron a mostrar una detención, en el ritmo de crecimiento la Bolsa se acopló inesperadamente y por otros motivos, aunque no injustificadamente porque debiera reflejar siempre lo que sucede en la economía.
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La primera actitud de julio, en los operadores, resultó la de levantar el pie del flujo de demanda, esperando a ver qué rumbo tomaba la tendencia. Los vendedores, primeros en intento de suavizar también lo suyo, posteriormente dieron muestras de algunas dudas crecientes, como para salir a colocar posiciones y hacer que la variable para ajustar negocios y precios resulten estos últimos. Lógicamente, era bastante difícil que una plaza que venía dentro de cierta armonía alcista, con más de $ 50 millones por rueda, pudiera quedarse prolija y armónica contentándose con $ 25 millones, como el jueves. El recorte de las cotizaciones asomó como el efecto esperable, visto que la demanda se enfrió, que la reacción dura frente a la medida de taponar capitales del exterior no se solventaba con el repunte del día 30.
Así, fueron creciendo expectativas por la visita presidencial al cóctel de la Bolsa, por su aniversario 149°, cuando también se han hecho ya repasos sobre «otras visitas presidenciales» de muy distinto tono. Nuestro colega Ferrotti realizó al respecto cierta reseña de esas visitas, en la zona de la democracia, si bien estuvo benigno respecto de la llegada de Alfonsín, quien, sumamente ofuscado por el discurso del titular de la Bolsa, Cantón, se levantó y dispersó el viejo insulto de «timberos». Algún temor es inocultable por los pasillos, y si bien los mandatarios nacionales reciben con anticipación los discursos de sus anfitriones, de los últimos que han pasado por los aniversarios, el «color» más aproximado al actual sería el de Alfonsín. Si el mercado se muestra esquivo, como habiendo acusado la medida de Lavagna, no presta el marco que los visitantes siempre desean: se corre el riesgo de un festejo más tenso. Pero también tendrá esto mucho que ver con las palabras del titular de la entidad bursátil, y se supone que no habrá allí expresiones que puedan irritar a invitados. ¿Habrá algún anuncio específico, a la vieja usanza? No lo sabemos, aunque se ha dejado trascender que tal vez alguna normativa se deje caer, por el foro económico más específico donde el nuevo gobierno traerá su mensaje. Esto puede resultar un tema para tener en cuenta, junto con la renegociación con el FMI. Estímulos, a favor o en contra, deberán marcar el rumbo nuevo que tome la plaza.
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