Varios, además de la Bolsa, parecen estar jugados a que se produzca el acuerdo con el Fondo Monetario, la única carta a la vista capaz de poder inyectarle ánimo a un escenario desprovisto de metas claras y hasta de ilusiones. Posiblemente hasta el mismo Ibarra quede atado a que se genere una ola de optimismo, en vista del explícito apoyo que posee del gobierno nacional, y podría ver mellada esa cuota de «popularidad» -que, se dice, posee todavíasi es que nos sumimos en las sombras de un «desacuerdo». El inicio de setiembre puede traer una primavera, o un suplemento de invierno que seque las esperanzas inmediatas que todavía puedan estar aguardando. Claro, tanto se vino hablando de un acuerdo: que ya está, que ya se firma, que todo está bien establecido, como para que la noticia ya no resulte ninguna noticia. O que dentro de la noticia del convenio renovado deban aflorar las cláusulas más difíciles que se hayan comprometido a cumplir. Como, por caso, el aumento tarifario, que es capaz de crear una estampida de descontento. Además, Kirchner no sólo debe llevar de la mano a Ibarra, sino que está la postulación de Solá, donde también se han puesto muchas fichas. Complicado panorama, desde lo político, por fechas que se descalzan entre acuerdo y elecciones, y con la incidencia que puede poseer en todas las áreas de la comunidad ese tan meneado compromiso con un FMI que ha esperado hasta el tiempo límite, entendiendo la hora política que atraviesa el gobierno y sus alia-dos, incursos en procesos electorales. Tiempos que se hacen de atmósfera más densa, donde en el mercado la respiración es dificultosa. (Será por eso, tal vez, que los comisionistas rehuyen la presencia diaria en un recinto que da la más penosa de las imágenes: sin agentes, sin público, siendo ya mucho más un mercado «silencioso» -tecnológico-que un recinto con la clásica estampa del voceo y las plazas.) Nada parece estar a favor; inclusive se forjan frentes exteriores peligrosos para ahuyentar capitales de una economía que los necesita y con mucha prisa. La semana terminada dio nuevas muestras de debilidad en el circuito bursátil, que ya se debió habituar a contemplar sus índices nativos como una marca de la centena del 600. No existió el rebote fácil, casi con furia, como otras veces se pudo verificar ante las mismas circunstancias. Adhiriendo a toda teoría basada en los sentimientos, se podrían hallar algunas motivaciones que no se consiguen desde lo racional. Los vuelos del mercado son cortitos, en cuanto le solicitan más volumen, las ofertas que concurren presurosas, la respuesta es el aplacarse.Y si una buena síntesis acerca de qué es una Bolsa la hallamos en «hacer mercado», una esencia todavía más apretada podría resultar que Bolsa = volumen. Nada perdurable se puede conseguir sin ello, todo se vuelve más dinámico -y más confiablecuando se produce el vencimiento de órdenes continuadas y se genera el intercambio permanente. Y no lo hay.
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