28 de agosto 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Bajando con volumen, y rebotando sin órdenes, la realidad de nuestro mercado -al menos, desde el punto de vista de lo ortodoxo- muestra claras señales de estar herido en su fondo y dando pelea desde lo instintivo, advirtiendo el grave peligro de una depresión que perfore márgenes de garantías, más el recurso de algunas estrategias de última instancia: como puede serlo, el cerrar filas del modo más apretado posible y permitir que algunas órdenes dirigidas a puntos neurálgicos del índice, obren positivamente.

Así, el lunes pasado se asistió a una rueda con indicador Merval subiendo 1%: y con volumen para acciones que no pasó de los $ 14 millones de efectivo. Unos $ 10 millones por debajo, de lo que es una suma promedio de estos tiempos. Apelando a hacer crítica la oferta, el recurso colabora para ganar tiempo, ver si se puede encontrar algo de donde asirse en medio de la corriente y llegar nuevamente a la otra orilla.

La doble misión que está por delante, como es cerrar un «acuerdo» contra reloj o tropezar con la oposición de Kirchner a pagar con reservas, y -después- una ronda con acreedores llevando una propuesta para quienes poseen títulos del país, se concentran en el setiembre ya casi por iniciarse. Y esto parece un largo trecho a recorrer, para circuitos que están huérfanos de capital, expuestos a las leyes de mercado y sin ninguna red que los genere abajo. Que es, ni más ni menos: la Bolsa.

En este tipo de escarceos que no alcanzan a levantar la imagen, por más que se recuperen parcialmente los índices, la tendencia del segundo semestre prosigue en las antípodas de la primera mitad del año, casi como sucede en la economía y donde algunos crecimientos conseguidos antes, ocultan la realidad global de un país que se fue paralizando progresivamente, en varios de sus sectores. La suerte de tener petroleras exportando a niveles de más de u$s 30 el barril, junto con el sector agropecuario, nos dejan vivir de las materias primarias. En tanto, todos los esfuerzos se dedican a «ganar poder» una impotencia evidente, en poder proveer de estímulos a los agentes económicos. La Bolsa extrae de sus viejos arcones todos los mecanismos posibles, para intentar hacerse la realidad más bella y ciertamente que ayuda el notar una reacción, después de algunas fechas depresivas y sin aparente fuerza para darle batalla a las bajas. En todo caso, un manejo
profesional y a favor de la ausencia del «chiquitaje» que suele reaccionar impulsivamente y retroalimentar movimientos, en las dos direcciones. Carteras institucionales, carteras empresarias, carteras de clientes ya curtidos, carteras propias, cauciones en juego, todos formando una sola trinchera para poder enfrentar una de las órdenes más hostiles a la inversión de riesgo. Ahora, todo parece una carrera contra reloj, ver si los cartuchos que se están gastando, alcanzan para empalmar con alguna novedad que favorecen; o volver a ceder terreno.

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