En momentos en que aparecen estos cupones, nuestros funcionarios de Economía estarán en viaje para encontrarse con los representantes de los acreedores privados. Y allí deberán combatir contra una legión de «caras largas» --tal las definió Lavagna-y sin dioses protectores de por medio, como sucedió en la gestión con el Fondo. Una tenida realmente brava, pero después de la etapa electoral y poniendo a salvo a quienes no dudaron en irrigar por todos los medios un triunfo presidencial detrás de cada candidato, mientras una platea complaciente está dispuesta a creer que varios de ellos no hubieran ganado por las suyas, sin ninguna necesidad de acoples oficiales. Se inauguró con esto una nueva era como es: vislumbrar qué candidatos puestos por otros tienen buenas chances, evitarse arriesgar con nombres propios, y donde aparezca algún distrito dudoso, como la propia Capital, dividir las fuerzas y anotarse detrás de los dos competidores; siempre, la suma dará victorioso a nuestro hombre que estuvo por detrás. Solá es el que más evidentemente puso de manifiesto cierta molestia, no perdiendo ocasión de nombrar antes a Duhalde que a Kirchner, y doblando la apuesta, diciendo que la llegada a la presidencia del santacruceño es una especie de «trofeo de la provincia de Buenos Aires, que lo candidateó». Habría que recordarle al reelegido gobernador que previamente intentaron con Reutemann y con De la Sota, que medía menos que «Canal 7», y ante la falta de caras poco desgastadas, se tuvieron que quedar con Kirchner. Pero se encontraron con la sorpresa de un operativo muy bien montado, para hacer creer que el flamante presidente no fue obra de la mano sagrada de la provincia de Buenos Aires, sino que está en todas partes donde gane alguien, para que todo el país sea el triunfo de uno solo. Es increíble que después de todo lo que se ha pasado todavía se esté dispuesto e engullir semejantes planteos, tan burdos como grotescos. Pero funcionan; solamente hay que poseer varios operadores periodísticos, pagos o vocacionales, para inyectar el mensaje. La Bolsa no creyó demasiado en triunfalismos compartidos, más bien se quedó con la idea de que ahora viene lo más «peliagudo». Juntar dinero para pagar lo comprometido. Batallar contra inversores de muchos miles de millones de bonos, lograr que exista algún tipo de inversión hacia estas tierras. En un supuesto gesto de buena voluntad, el electo gobernador de Santa Cruz aseguró que ahora repatriará esos u$s 540 millones que la provincia tiene a buen recaudo en el exterior (en realidad, se mencionaron otros u$s 80 millones, que estaban en un paraíso fiscal, pero eso no conviene removerlo mucho...). Una ola de izquierdistas de curso acelerado surge por todos los rubros; el mismo elegido Ibarra tuvo la idea de argumentar que al perder Macri-Patti se había vencido al derechismo de Menem. En verdad, se está viviendo un romance de acuerdo con los códigos de la vida cotidiana, que las mentiras ayudan a mantener.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Dejá tu comentario