16 de octubre 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Está bien establecerse metas, especialmente en la Bolsa eso es materia prima para poder sostenerse en una inversión considerada de alto riesgo. Vamos a darle un poco más de «sucundún» a ese inversor que ha estado disfrutando de un ejercicio ampliamente ventajoso, que piensa en los 900 puntos como algo quizás alcanzable esta misma semana. Pero para llegar a los 1.000, la cuestión está separada apenas por algo más de 10%. Tomando al Merval en el cierre del viernes pasado, serán necesarios algo así como 137 puntos para el objetivo histórico nominal del índice. Traducido a porcentual, con cerca de 15%, la faena estaría realizada. No caben dudas de que el día de alcanzar esos 1.000 redonditos se volverá a ganar un lugar en las primeras planas el mercado de Buenos Aires. Que bastante marketing precisa para quebrar con una corteza que se estableció entre los profesionales y adherentes activos y la gente común.

Un nivel de 1.000 impone respeto por sí mismo; el número adquiere su propio vigor con la sola presencia y difusión. Aun el ama de casa, que apenas oyó hablar del juego bursátil, se verá impactada cuando le digan que «el índice de la Bolsa de Buenos Aires, el Merval, ha llegado, señora, a los 1.000 puntos, que jamás tuvo desde su incorporación, en 1986. Los más cautos, realistas y algo metidos en el tema harán como nosotros: dividiendo por factor de peso devaluado y sabiendo que los 900 puntos de 1992 resultan por mucho tiempo un número de oro, inalcanzable...

Pero existe bastante de ilusión y hasta de ilusiones ópticas con el juego de la Bolsa. Un número con ceros detrás no es un número más, es como una puerta que hay que franquear para pasar a otra fase del juego y que cuesta derribar, solamente por esa ilusión. Porque es lo mismo estar en 890 que en 900, diferencia desechable en un rango más o menos extendido de inversión, pero no lo es a efectos prácticos. Está mil veces comprobado, aquí y en cualquier otra Bolsa, que las escalas con los ceros detrás resultan verdaderos objetivos por los que hay que luchar para poder darlos por superados. Baste recordar que los 800 del índice Merval se habían puesto sumamente reacios a ser vulnerados; recién en semanas pasadas la tendencia se pudo colocar cómoda y distante de esa estación dejada atrás.


Llegar al 1.000 está notablemente cerca; queremos imaginar que habrá un resto como para que el ambiente disponga de algunos festejos. Quede en pie la incitación, la sugerencia, para la Bolsa y el mercado, para la Cámara de Agentes, la de Inversores, en función de organizar el «ruido» por los 1.000 puntos Merval. Sería un modo de irrumpir en la calle, tratar de volver a lo popular, tentar a gente común que hoy no tiene mucho para pensar su colocación y que refresque que en nuestro medio existe un mercado bursátil, accesible a todo tipo de nivel de inversores. Amplificar el logro, difundirlo, tal vez: una buena ocasión para volver a las fuentes...

Dejá tu comentario

Te puede interesar