Si viviéramos en Londres, ya se podría estar apostando a si el Merval llega -o no llega- a fin de año arriba de los 1.000 puntos. Algo que no parecía tener apostadores en contra al iniciarse el mes, pero que en la médula de diciembre puede tener que asimilar una duda razonable. Y es que el volumen es un barrilete que «colea»; tanto gana altura como entra en espirales bajistas y amenaza con estrellarse contra los pisos mínimos indispensables.
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Con esa apoyatura vital puesta en tales circunstancias, lo que se pueda hacer con los precios exige mucha predisposición de la oferta, para seguir siendo la que lleva el peso sobre los hombros. Pero no siempre puede existir la adecuación apropiada; de pronto aparecen vendedores con exigencias implícitas para salir en esa rueda y esto es capaz de desequilibrar en contra. Cierto es que los rebotes no se hicieron esperar, que tras alguna hondonada reapareció enseguida la meseta, pero la lucha de fuerzas estuvo radicada mucho más en la franja 980/990 del Merval que en la cumbre de los cuatro dígitos.
Faltan pocas ruedas, algunas francamente por formulismo y de estar en Londres -en la meca de las apuestas a todo-se hubiera podido formalizar un lindo pozo frente al interrogante propuesto. En Buenos Aires no existe demasiado entusiasmo por verlo arriba o abajo; diciembre ha sido un dejarse llevar por ese «barrilete» y en cada sesión que se abre, la expectativa por ver hacia dónde vira es lo que gobierna las mentes (y el sudor de las manos...). El bolsillo tiene razones que la razón desconoce. (El parafraseo es adecuado para lo bursátil y cuando se trata de reaccionar con el bolsillo, todo resultado es posible.)
Nos referíamos días atrás acerca de ciertas exigencias del Fondo Monetario para que el país consiga incrementar sus recaudaciones de 2004. Y entre lo que se sugería aparecían los dividendos gravados. De allí a una propuesta de gravar la base sólo media un paso. Y no es la primera vez que se quiere echar mano a esos recursos cuando de extraer algo más se trata. Sólo con lo primero ya tendríamos una primera gran contrariedad para 2004 y tal vez esa sola mención -según Kirchner no aceptará tales presiones, pero las podría inventar Lavagna-es más nociva que la norma en sí. Porque abre las puertas a suponer que podrán llegan a meterse con el mercado bursátil, en procura de nuevas fuentes fiscales. Y son los casos donde la gente -de toda clase inversora- suele pensar con el bolsillo, no solamente con la razón. Si alguno nos pregunta, se nos ocurre inimaginable que estén pensando en entorpecer la ya escasa afluencia de capitales -al país y a la Bolsa-, pero en un gobierno que se maneja con imágenes, con símbolos (como el del capital explotador), nada podría darse por imposible. El cierre de ejercicio goza de muchos orificios en los lienzos de su velamen, llega a puerto más por el impulso que traía que por su energía. Y hagan juego, ¿cómo cierra el Merval en 2003, arriba o abajo de 1.000?
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