13 de enero 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Solamente tomándola desde lo más primitivo del espíritu de la Bolsa, admitiendo que el único precio válido es el que está escrito en el panel de operaciones. Y que si existieran más vendedores a esos precios, las cotizaciones bajarían. Así como si aparecen más tomadores sigue trepando, es posible intervenir en una caravana de la felicidad que no reconoce descansos ni límites que se meneen. Apenas en una decena de días de 2004 ya se está ganando más que con una colocación tradicional de todo un año. Y diez días, contra trescientos sesenta y cinco, es demasiado como para poder competir. Vale el riesgo, en todo caso, basándose en una tendencia que viene a lo largo de todo 2003 -en dólares- y que no ha degradado a ninguno de los que entraron en las diversas etapas. Si hay que pensar en algún cotejo, en lo que hace al perfil del movimiento, solamente se puede emparentar con el ciclo 1991/'92, salvando las diferencias de volumen que existen y todo el escenario que rodeaba a aquel mercado explosivo respecto del actual.

Tratando de encontrar explicaciones clásicas, nos fuimos tan atrás en el tiempo que nos reencontramos nada menos que con David Ricardo. Quien, además de ser uno de los tres «padres» de la economía clásica, junto con Adam Smith y Robert Malthus, resultó un formidable agente bursátil. A tal punto que cuando abandonó la profesión para ir a la Cámara de los Comunes, con sólo 25 años, ya tenía una considerable fortuna hecha en el mercado.


Más de talento -que le sobraba-, rapidez para los números y frialdad para discernir, su hijo mencionaba que lo que su padre había apreciado era la tendencia inversora a exagerar los hechos en función de la Bolsa.


Así que cuando advertía cualquier noticia favorable, de discreta magnitud, igualmente compraba: convencido de que el mercado le daría muchas más ganancias que las relativas a la especie en que se basaba. Y en la venta lo mismo, al surgir alguna contrariedad de tono menor se podía desencadenar una baja fuerte, proporcionada con el motivo original. Es obvio que estamos desde hace un buen tiempo ya en la primera de las facetas: todo parece el ambiente tomarlo como noticia importante, aun las muy dudosas estadísticas que se difunden hoy en día, impregnadas de tufillo oficial. El tema es que hasta las complicadas, peligrosas, contrarias, parecen formar parte de lo bueno. Por lo que ese bolsón de liquidez, donde una porción concurre a lo bursátil, queda como el motivo más fuerte. Aunque no sea una razón, sino una circunstancia.

Dejá tu comentario

Te puede interesar