20 de enero 2004 - 00:00

Cupones bursatiles

Lucha de trincheras, desde la mitad de la semana anterior, una vez superados los 1.200 puntos Merval. Amanecieron resistencias a querer convalidar semejante disparada en una quincena y ese resistir no provino tanto de los vendedores -lo que hubiere resultado un rebaje traumático-sino de los que detuvieron las compras. El arrugue del volumen diario dio cuenta de ello, mostrando un peligroso recorte de órdenes para poder dar batalla adecuada.

Recién el viernes se levantó algo más la puntería, oportunidad donde se pudo neutralizar otro «valle» surgido en el intradiario y terminar la semana con leve repunte de 0,44%. El Merval quedando apenas arriba del 1.200, como para seguir en una etapa de prueba a ver si el nuevo talle, en otra centena, le cae como a medida: o es de confección y hay que dejarlo, para que lo arreglen... Se pasó demasiado rápido por los 1.100 puntos: es una razón, desde el punto de vista de la velocidad de trepada. Se necesitaba sostener, y aún aumentar, el régimen de negocios para no sufrir recaídas: es otra razón, desde el punto de vista de la tracción que se precisa. Si no recordamos mal las fórmulas del «secundario», masa X aceleración fuerza. Y esta masa voluminosa de puntos, que es el índice Merval, tuvo una aceleración asombrosa en muy poco tiempo. La desaceleración pareció llegar de modo aconsejable, sin que se diera vuelta el mercado hacia el flanco vendedor. La merma de asimilación dejó zonas vendedoras en descubierto, que venían acomodadas a un ritmo superior, y por allí los precios comenzaron a titubear y, varios, a bajar.

Pareció nuevamente cierto que se necesitan unos
$ 70 millones, parejos, para poder transitar por estas cumbres sin tener que soportar los «quedos», en la mitad de una cuesta. En cuanto la plaza desaceleró ritmo, ese ahogo se hizo presente, aunque sin mayores daños. Insistimos: porque no se trató de una oleada vendedora, sino de un levantar el pie del acelerador en los tomadores. Que pueden producir efectos similares en tramos cortos, pero que resultarían de muy distinta secuela, si se tratara de una salida de posiciones de modo drástico.

Todos saben, pero casi todos siguen. Es lo que parece estar sucediendo, en un mercado donde los «pececillos» no menudean y donde se sabe que el mercado se adelantó mucho a las razones que lo justifiquen (por caso, una economía con problemas graves solucionados, empresas con capacidad de ganar -y de repartir-vueltas a marcas más históricas). Como en el trayecto de 2003, la plaza bursátil -global-cotiza mucho a una esperanza. Y le ha seguido dando valor de mercado, aunque varias de las condiciones todavía no se cumplieron. La falta de alternativas siguió acentuándose, una condición financiera de excepción, y se imagina un escenario que mantenga esos parámetros, aunque el desequilibrio de los factores pueda estar a la vuelta de cualquier recodo. Todos saben. Casi todos... siguen.

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