23 de enero 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Excelente nos pareció la nota del ex juez de la Corte Suprema Héctor Masnatta para llegar a entender la actualidad de la zona del euro, sus propias desventuras y el intrincado modo de poder hacer congeniar a los 15 países miembro actuales. Un fracaso de cumbre para arribar a una constitución; a cambio de ello, solamente la extensión de un tratado. Las recientes transgresiones de Alemania y de Italia a los límites de déficit presupuestario a que deben atenerse todos los miembros. Y a toda una zona de la que, básicamente, importan su moneda y su apreciación frente al dólar, pero que posee una interna bastante incómoda de llevar. En especial, cuando los clarines deban tocar al combate en tiempos duros. Un mosaico que pretende ser un equipo homogéneo, aunque con diversidad de matices y posibilidad de colores que se vayan de tono, acorde con el modo de manejarse de cada gobierno. Frente a esto, una moneda que es manejada desde una Reserva Federal y que responde a la economía y la política de esa sola Nación. Muy alegremente se puede pensar en cambiar dólar por euro cuando se baja al trasfondo y se intenta estimar el futuro, la cuestión podría no pintar tan alegre. Que si en Estados Unidos tuvieron su Enron, en Europa lo superaron con su Parmalat, tal lo acentúa Héctor Masnatta. No queríamos dejar pasar la ocasión de recomendarla al lector de nuestra columna: en el diario del pasado martes.

Otras señales nos llegaron acerca del llamado «chiquitaje» y su ausencia masiva del formidable movimiento. Nos dicen que en algunas entidades que manejan Fondos Renta Variable, dedicados a las acciones, se han arremolinado ciertos capitales de envergadura por la presencia de esos inversores de menor poderío y que aparecen, de vez en cuando, por la inversión en Bolsa. En muchos casos se han debido rechazar colocaciones ante el peligro de formar esos cuellos de botella cuando se presentan crisis de oferta: ausencia de papeles. Y no sería mal momento para que más de una piense en poder lubricar su mercado dispersando su « ajuste al capital» y posibilitando el fraccionamiento del capital social en partes más pequeñas. Con lo que, de paso, se produce una baja en
la paridad del papel y la doble opción: de otorgarle más liquidez a su plaza o generar una reacción partiendo desde abajo, ante un mercado que despliega tanta fuerza. Las suscripciones, el ideal si se las maneja con buen tino y se es «tiempista» en la hora de la colocación, resultan un mecanismo más tardío para tratarse y llevarse a cabo. En cambio, lo otro es solamente el acuerdo del grupo de control para capitalizar lo que aparece estanco como «ajuste». Solamente con el debido cuidado de no « licuar» el papel, con criterio, se puede obtener dinero fresco y una ampliación de la base de accionistas. El dinero fresco, si se colocan papeles de la mayoría, que después se compensan del repunte desde la nueva paridad. La Bolsa sube, las estrategias no se ven.

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