29 de marzo 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Convergen las incertidumbres, el mejor termómetro de tal condición resulta el ritmo de negocios que se realice y la ubicación de sus pisos y techos. Estos finales de marzo han mostrado una contracción llamativa, cuyas causas pueden ser un racimo de motivos -locales y externoso privilegiando algunos sobre otros, según se componga la platea bursátil con que se cuenta actualmente.

Con todo, la plaza estira sus posibilidades al máximo, como para querer arribar a otra centena del Merval y seguir transmitiendo una imagen de bonanza, que luce desteñida. Ya no conforman solamente las estadísticas económicas puntuales, sino aquello que se ha formado como un frente amenazante y que hasta puede poner en peligro ese repuntar industrial. La inflación, a la que se desea seguir ignorando, está presente en la realidad diaria como otro frente que se abre y, especialmente, si viene el retocar tarifario de la energía para destrabar, parcialmente, el cuello de botella formado.

Un día, como ahora, podemos ver que el dejar que los «precios relativos» se desordene (con un pase enorme de demanda hacia el gas, muy lejos de otros combustibles) posteriormente se paga, seriamente. Y otro día, podremos tener que sufrir alzas de todo aquello que la soja está desplazando en el agro. Si es la carne, detrás vendrán los bienes sustitutos: para mantener, naturalmente, esa distancia relativa. Todavía está soleado, el verano tarda en retirarse, pero se sabe que vienen el otoño y el temido invierno. Ya se piensa menos en disfrutar solamente del hoy. Y la verdad de un mundo seriamente convulsionado le pone el último toque amargo a la torta.

El volumen no tiene -ni puede-que ser debidamente estable, o parejo en una cifra. Aunque hay etapas que la altura de las cotizaciones obliga a dejar atrás definitivamente o arriesgarse a que queden cámaras de aire y en cualquier traspié crear una rodada seria. Así, los apenas $ 35 millones de efectivo para acciones del miércoles llevaron la imagen a una zona de debilidad que no se reconocía en meses previos. Menos todavía, cuando se está entrando en la temporada alta y donde las mismas cifras, en enero y en marzo, tienen una ponderación inferior para el último mes.

Hay dudas razonables planteadas acerca de la consistencia actual de la tendencia, y puede ser que el acercarse a doblegar otra centena del índice genere titubeos clásicos. Pero era de aguardar dentro de otro marco de negocios, con un intercambio más entusiasta y sin tener que arrastrarse por algunas ruedas. Una sesión como la del miércoles hay que imaginarla como un recinto poblado de comisionistas parados, conversando, mirándose unos a otros. Como esa figura ya no existe, las
terminales resultan un buen recurso para que esa escena no se vea. Total, bueno o malo, el «piso» está vacío siempre...

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