... Y llegó el lunes. Pasó la Samana Santa, y la Bolsa no resucitó. Todo lo contrario, se hundió en sus pisos de negociación a unos $ 20 millones apenas, como para poner los pelos de punta. Porque en la superficie todo pareció tan calmo, como para deparar otra leve corrección negativa, que hace fuerza por acumulación. Con aquello de la gota sobre la piedra (de Almafuerte), la gota -que es blandatermina por horadar la piedra, que es dura. Y a tanto 0,3% de baja, el Merval se está despidiendo de los 1.200 puntos. Lo curioso es que, con tanta contracción de estructura, la otra variable se sostenga con bastante equilibrio. Es probable que nadie quiera ser el que rompa los pisos de modo abrupto, porque será cuestión de originar una escalada que no se sabe dónde termina. Y así, midiéndose entre todos, no ya en el piso y frente a frente, sino en las terminales, los días han ido pasando sin poder sacar el barco de la varadura. Difícil para hacer una orden de alguna importancia, en la venta, todo pasa por un goteo ante una demanda que se mantiene lejos de la lucha. Antes que generar nudos demasiado apretados, es preferible dejar salir la presión, asumir un ajuste de cotizaciones, ante la nueva realidad del volumen, y permitir que las plazas vuelvan a ser fluidas. Después, se buscará el exacto nivel, pero lo imprescindible es no seguir dando estas muestras anémicas que espantan más que las bajas. Con ruedas como la del lunes, se puede afirmar que no hay mercado; sólo un simple simulacro. Nada es representativo si no hay una cantidad de negocios que lo respalden. Lo que se observa es que las puntas están alejadas y nadie parece querer ceder en los límites. • El sesgo de lo negociado es una figura que venía formándose a lo largo de las semanas, con algún repunte en el medio, pero yendo hacia una plaza con otra base de órdenes. Primero se escapó la energía para seguir subiendo, después se alcanzó un amesetamiento y ahora está llegando el momento de sincerar la situación de la tendencia. Los siempre optimistas aseguran que se está armando un cúmulo comprador, que porfía por entrar desde más abajo y produjo el dibujo de un mercado estrangulado. Nada es descartable, pero deberá existir algún elemento motivador que haga durar la trepada: porque la sensación de inseguridad que corre, es lo que realmente ha hecho desertar a otros entusiastas, volviéndolos temerosos. El reinicio semanal, detrás del largo feriado, encontró a un mercado desarmado y con pleno desinterés en ser modificado en sus marcas. Ni siquiera la actitud seria de la venta, como para provocar más movimiento, y mucho menos esa aparición de los compradores. Las plazas están en posición de «no-contest», y es seguro que fuera del radio de la docena de transables, se ha originado una periferia imposible de intentar.
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Extraño apagarse de los negocios, sin que esto haya mortificado demasiado.
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