Sorpresas nos da la vida. Y la Bolsa, ni le cuento... Justamente el viernes último habíamos estado en esa recorrida por el ambiente, donde la pregunta de todos pasaba por: «¿cómo ve al mercado?». Y el lunes teníamos una rueda «de aquellas», arrasadora con sus noventa millones de volumen en acciones. Con el índice trepando un fenomenal 4% y con el Merval atravesando el corazón de los 1.300 puntos nuevamente.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Que existió una frontera, más imponente que la muralla china no pueden quedar dudas. Y lo que apareció entre ese viernes y el lunes a mediodía fue la casi seguridad de lanzar la propuesta de canje de bonos para la fecha que parecía casi inalcanzable: el 17 de enero. No más que eso para aferrarse, pero fue utilizado de catapulta. Y un ambiente donde la demanda se escondía debajo de los cascotes se vio convertido en un jardín, floreciendo órdenes por todas las terminales. Justamente cuando se entraba en la zona del halo que van desplegando las fiestas de fin de año. Con lo cual dos vallas se derribaron de una sola vuelta: la de mercado apenas vegetativo, con motor regulando y demanda raleada. Y la de la etapa ya navideña, donde recepciones y reuniones por saludos se superponen a casi todo, que solía aplastar más a la tónica.
Justamente, en la semana la Bolsa de Comercio realizará sus tradicionales recepciones para los socios de la entidad y, también, para los señores periodistas dedicados a difundir lo bursátil. Bueno, pero sucedió que el lunes el mercado se lanzó con todo hacia arriba y lo más impresionante resultó el volumen -duplicado- por sobre el buen avance de cotizaciones.
Si se justificó semejante entusiasmo, lo tendrían que decir las ruedas siguientes, especialmente si el argumento que acicateó el ambiente fue solamente el de la fecha del canje. O bien, que se haya escurrido alguna otra novedad en ciernes y que esto -en realidad- haya sido la causa de todo el despliegue desesperado de la demanda. También, habría que aguardar una respuesta más generosa de la oferta, que el lunes fue abordada con órdenes que venían del viernes mortecino y fue llevada en andas por los compradores. Lo importante es percibir si se consigue entroncar con un ritmo operativo más parejo y sostenido, dejando de lado todo lo que está realizado a los saltos. El Merval por encima de 1.300 puntos fue casi una utopía que se hizo realidad, porque apenas si alcanzaba para defender una meseta. En vez de un «lunes negro», como hubo varios en el año, se pintó un «lunes verde» para la Bolsa porteña. Espectacular, fascinante.
Dejá tu comentario