El campo, baluarte de las cuentas nacionales a lo largo de años previos, ahora comunica que el ciclo apunta a resultar mucho menos cómodo y que las bajas en precios, junto con subas en costos y retenciones amenazan su bonanza: que es la de todos. A la inflación dada a conocer por enero -y eso que siempre suena a benigna, frente a la sensación diaria real- se la trata como de simplemente estacional y queda por ver si esto resulta así. Entuertos con privatizadas están en delicada posición, mientras los tironeos salariales prometen estar en el centro del escenario de 2005. No resulta una aleación muy apropiada -sin siquiera hablar del canje y de sus derivaciones-, y sin embargo, desde el mercado bursátil se han concretado respuestas más que halagüeñas: un modo de ratificar que el bolsista es, básicamente, un alto porcentaje de esperanzas y una porción adicional de riesgo puro.
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Parecía lo más apropiado quedarse quietos, esperar a conocer un poco más del año que recién se estrenó, o aguardar porque se resolvieron algunos de los temas que preocupan. A cambio, se vio partir una fuerza demandante que elevó las órdenes y acicateó los precios, jugando posiciones como nadie se atrevería a realizar, aun en alternativa menos riesgosas.
Si esto es solamente un reflejo aislado, que posteriormente se diluya -como después de la semana de Zapatero-, tendrá que verse en éstas ruedas siguientes. En todo caso, será difícil explicar a qué se debió el ingreso de caudal de órdenes, solamente para tensar la tendencia por pocas ruedas.
Año que pinta complicado como pocos, y eso que los hubo en cantidad, porque resultan demasiadas variables ingobernables -que no están al alcance de nadie poder controlar- y de distintos orígenes. Varias de ellas, en el punto alto de la incidencia, y así como puede resultar bien una -por caso, el canje-, se neutraliza si otra se desvía -ejemplo, la inflación-, estando el común de los inversores bursátiles como dentro de un emparedado. Factores que parten de lo económico, pero inciden en lo político y estando en un escenario donde lo electoral comienza a jugar su peso inevitable. «Ante la duda, abstente», aconsejaban los sabios antiguos, pero cierta avanzada de carteras tomando posiciones pareció querer decir que no tienen dudas acerca de realizar un buen negocio entrando ahora. Si el volumen se puede sostener alto, si los giros del mercado hacen que prevalezca una dinámica, esto favorece al sistema en sí, que se perjudica mucho más cuando todo se traba y comienza a crujir. Pero el bien común -el del sistema- puede no ser favorable para el bien individual.
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