La política partidaria, del que detenta el poder en nuestro país, demuestra cuán lejos se está de poder hallar esa mancomunión de metas -por no llamarlos ideales- y que sea capaz de poner a la sociedad a funcionar en una misma dirección. El espectáculo que se ha formalizado en el escenario de estos días, y de cara a próximas elecciones, ha hecho declamar preocupación al propio ministro de Economía: que teme por el impacto adverso de esas internas, previas a las internas. Del modo en que se desvían energías y se dispersa el escaso talento que se manifiesta, solamente para plantear o defender hegemonías. Lo que todos imaginan es que las polémicas irán subiendo de tono, hasta llegar al escarnio del rival y mostrando las miserias de unos y de otros: a la vista de nuestra comunidad y del mundo.
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Y lo que ocurre en el centro emisor principal, de las señales que mueven a una Nación, de aquello que manda sobre lo económico y lo financiero, tiende a ir desplazando necesarias discusiones de fondo, para no dejar pasar una zona temporal donde el ciclo ha resultado favorable a nuestras necesidades. Y hacemos bien en preocuparnos, todos, cuando la problemática se ha dividido en temas que abordan todos los aspectos de la vida nacional. A medida que nos internamos en el año, la atmósfera se va haciendo más densa, las incertidumbres se multiplican y los enconos reverdecen. Justamente, a la inversa de lo que nuestro convaleciente pasar parece reclamar casi a diario. En tal situación, la tendencia del mercado de riesgo queda en manos de las circunstancias, siendo imposible poder llegar a cualquier tipo de predicción acerca de su destino. Es el alarmante momento que se vive, donde la Bolsa ha venido desflecando al Merval en la superficie, pero estando con el ancla echada en los niveles de finales de 2004.
Días atrás, un inquieto amigo inversor no cesaba de interrogarnos acerca de esto y de lo otro. Y a todas las hipótesis que planteaba, le respondíamos casi automáticamente con «es posible». Aún aquello que podía sonar a antojadiza imaginación, casi un grotesco, era capaz de hallar un escenario que se le pareciera: como para hacerlo posible. Son tantas las extrañas conjunciones de variables que pueden darse en estos meses. Basándonos en el presente que vivimos, que lo que ahora parece un disparate, acaso se convierta en una realidad diaria dentro de cierto tiempo. No es por facilismo, o por pereza, que algún asesor que el lector acostumbre a consultar le responda con ambigüedades, o evasivas. Es por la falta de argumentos sólidos y permanentes, que pueden hallarse para realizar una estimación aproximada. Lo condicional de la época transmite sus designios, a lo condicional que parece el mercado en sus ires y venires. Sólo puede hacer eso. Informate más
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