4 de mayo 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Entrando en el quinto mes, el balance del mercado accionario es deficitario cotejado contra finales del año previo. Y altamente deficitario si se agrega a la pérdida propia aquella de opción de alternativa, el lucro cesante por no haber participado en otro tipo de colocación. Cierto que las alternativas bien rentables, con algo de habitualidad en sus formas, no son especie que abunde actualmente. Esto solamente alcanza como paliativo para una performance del mercado de riesgo que subió y bajó con tanta presteza, que muchos ni se dieron cuenta de lo que perdieron, desde el punto de máxima que habían alcanzado. Vale más pensarlo solamente contra el cierre de 2004, lo que no está muy lejos de las marcas actuales, pero es que se han consumido cuatro meses de operaciones y el pescado se pudre en las canastas, sin vender.

Ahora, se tiene por delante la inquietud inflacionaria por una parte y la necesidad del Estado por ir a secar la plaza con sus propias urgencias. Carente de financiación externa, la clásica fórmula de todos estos años apunta a que «de forma voluntaria» (lo que es tan ridículo como suena) los fondos de jubilaciones virtualmente privados -que no lo son, en la práctica- deban asumir con sus arcas inyecciones de más papeles públicos. Lo que restará caudal disponible para activos empresarios, a quienes solamente les queda la suerte de andar boyando, más como simples instrumentos de juego, que de inversiones. Solamente rogando por algún balance trimestral que impacte en demasía, los papeles privados podrán aspirar a hacer diferencias, pero de unos contra otros, haciendo canibalismo bursátil de pases de posiciones. Pensar, al día de hoy, en que exista una masa tomadora disponible para acciones es soñar despiertos.
 
En ciertos rubros, como el de Solvay Indupa, que envió carta adelanto que informaba una formidable superación de sus negocios y beneficios (por la acción conjunta de la buena tendencia que tuvieron las economías de Brasil y de la Argentina) se podrán hallar razones intrínsecas para que ciertos papeles extraigan lo suyo a expensas de otros. Pero, un mercado crece cuando ingresa dinero fresco tomando posiciones, no con los simples escarceos de circuito cerrado diario, o por medio de recambiar posiciones. Allí, en la práctica, se produce una «suma cero», donde todos advierten que se están ganando el dinero entre ellos solos. Como aquella vieja figura del que le vendía un reloj a $ 2 a uno, para que el otro se lo revendiera a $ 4, el otro se lo colocaba a $ 6... y así. Romper la tendencia hacia arriba es hoy el gran desafío, sabiendo que hacia abajo ya lo hizo desde febrero en adelante. Queda lo tan conversando del litigio sobre bonos, no mucho más que ello. Tenemos una plaza que vive perfil de pobreza, con vías a indigencia.

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