9 de mayo 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

¿Es que nadie, con algún poder de oposición, levanta la voz de alarma por prácticas que ya fueron nefastas? Con total naturalidad, los funcionarios del mismo gobierno que condenó duramente el irresponsable modo en que se llenaron de títulos de deuda las entidades locales, dispersan la actitud de estar corrigiendo límites establecidos en la proporción de las carteras de bancos y AFJP: para que vuelvan a rebalsar de papeles de deuda. ¿Hace falta reproducir las airadas críticas presidenciales, hacia los administradores que hoy mismo se vuelven a utilizar? Si algunos pensaron que se podía ingresar en una suerte de «país del nunca jamás» -en la repetición de desvíos- mejor que aguarden la llegada de Peter Pan. Es más probable que un personaje de ficción se corporice, a que nuestros gobernantes dejen de comportarse como personajes de ficción. ¿Basta de endeudamiento?: acaso se pueda llamar de otro modo al hecho de emitir deuda nueva, para tapar deuda vieja. Y obligar a que, « voluntariamente», las mismas cansadas y devastadas arcas de aportes de jubilaciones resulten nuevamente al pato de la boda.
Cierto es que no se viven tiempos apacibles, cuando uno escucha que en discursos presidenciales se pide no votar a diputados que lo condicionen: casi lo interpreta como que se pide a los ciudadanos la suma del poder público, y es para temblar.

La búsqueda de la noticia optimista, parece resultar desesperación de algunos medios y regocijo de los que dicen no querer «oír de pálidas». Y así, hasta lo malo, o lo muy dudoso -como ese índice de inflación tan precozmente difundido- es posible de ser trabajado, reciclado, buscándole alguna punta que suene a buena.

Novedades que no lo son, por obvias, alcanzan notoriedad y en la semana dos especies parecieron causar alboroto: a) Que se considere a Brasil como líder regional (¿se pensaba que podía ser algún otro?); b) que una consultora internacional refresque la cantidad de los default y esto sea tomado como un descubrimiento. Por vivir esos ensueños argentinos, espantando a los que querían contar « pálidas», no paramos de rodar cuesta abajo. Y ni siquiera con una crisis como la que se sigue pagando, ha cambiando la visión general.
Volver a colocarles bonos a los fondos portados por los que imaginan jubilarse bien es como una falta de respeto, después del proceso anterior y de las acusaciones posteriores. Pero allí va la caravana tras los designios oficiales, sin importar demasiado hacia dónde apunta la ruta. El mercado bursátil participa también de los festivales puntuales, sin perderse ninguno.

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