19 de septiembre 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Entusiasmó, en ciertos ámbitos del circuito, la breve reseña y aproximación a lo que tratamos como un fenómeno no muchas veces -acaso, ninguna- visto en la trayectoria del mercado. Para definirlo de algún modo, ese «fantasma» que viene con cartera muy cargada de órdenes y que, después, desaparece, es todo un caso. Pero con describirlo parcialmente o entusiasmarnos por la prosa no sirve de mucho a nadie. No hay señales confiables que puedan encerrarlo en un patrón de movimientos, tanto ataca en un día, como en otro. Ahora, como que agrega algunos lujos y es capaz de pasearse por dos ruedas seguidas, pero cuando se aleja, todo retorna a una medianía sumamente extraña, porque con semejantes variantes de ritmo, las cotizaciones no se inquietan demasiado.

Quizás, la pregunta más porfiada debiera ser: si ingresa tanto poder de compra, ¿a qué se debe que la venta se elastice de inmediato y responda el fuego? Se podría pensar en que hay carteras irrumpiendo y llevando posiciones fuertes en esos días. Sí, pero también hay carteras generosas en el dar cantidades a cualquier nivel de asimilación que se presente. Si es de dónde sale la compra, también tiene que ser de dónde proviene la oferta... (¿No será el amigo Chávez que se compra todo, como hace con los bonos?) Un problema, si ello fuera cierto, habría que darle a cambio una estación de servicio en la esquina de la Bolsa...

No queda más que bromear un poco, tal la orfandad de señales -serias- que poseemos. Pero esas ruedas reavivan en cada ocasión el latiguillo de la compra por parte de fondos «oficiales». Que se cae frente a la venta, sumamente activa en tales días. Y, sin embargo, no existe presión de salida importante, en fechas en que el volumen se calma y todo retorna al trote.




Una secuencia bastante dilatada, como ahora, de coincidencias en el ritmo de las dos fuerzas y la generación de muy altos volúmenes, salpicando la estadística, no es huella que tenga parangones en el pasado. Solía suceder que el mercado generara volúmenes muy altos, súbitamente, ante una noticia de gran peso. O que estuviera una en ciernes y la filtración en el ambiente, promoviera la toma de posiciones. O, al revés, que la novedad fuera muy preocupante -como en los casos de «nominatividad»- y la plaza se hallara descompensada, con demasiado vendedor en la salida y sin contrapartida apta. En esos casos, se producían saltos mortales en los precios, y el volumen oficiaba de lanzador de porcentuales notables en la cartera (como la baja del plan Bonex). Lo insólito de ahora es que no salen por el parabrisas las cotizaciones, y las carteras, ni ante una aceleración furibunda de compra, ni de un tremendo frenazo al día siguiente, en los negocios. Se es capaz de trepar o de encogerse, hasta cincuenta por ciento en volumen, y poco sucede. ¿Será una Bolsa «progre»?

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