El oro siguió marcando el ritmo, se ganó la primera plana con su rendimiento de 9% en sólo dos semanas. A partir de esa vara imaginaria, todo lo demás resulta una inversión opaca. Porque el simple atesorar, sin complicarse, lucha de igual a igual y supera en estos momentosa radicaciones de capital que exigen asumir mayores riesgos, e incorporarle algo de sapiencia. Esto lo traemos nuevamente a escena, empalmando con las líneas sobre los fines de 2005 y donde mencionamos que esa trayectoria seguida por el metal, y que no se aquieta, sino que parece recrudecer, impone el debido respeto y también inyecta la cuota de intranquilidad por las presunciones en el mundo, acerca de qué se aguarda en 2006. Nada de lo bueno para la humanidad es lo que alimenta la tendencia del oro: exactamente todo lo contrario. Acudir a tal tipo de refugio en el escenario de capital, de las inversiones, puede ser equivalente a cuando se procuran refugios antisísmicos en lo que hace a la vida común. El «algo» está por venir, de alguna parte, de índole no demasiado identificable todavía. Nos preocupa mucho más que el oro siga en su escalada, antes que cualquier desgracia bursátil que pudiera sucedernos aquí, o en el mundo. No perder de vista el clima sumamente escéptico en que todo parece estar moviéndose -traducido en la suba del oro- puede explicar bastante de la tendencia sin rumbos definidos, que está adoptando la mayoría de los mercados de riesgo. Que se despiertan, que se desmayan. Que salen jubilosos en alza o se acurrucan sin pasos intermedios. Convulsiones, golpes de mercado, pero no se puede realizar un hilván, sino que se juntan eslabones dispersos, algunos más cercanos de los otros. O más dispersos...
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En virtud de ello, estábamos repasando el corto recorrido de enero, a partir de la primera rueda donde se llegó a los tres dígitos -el martes, con $ 106 millones en accionesy que fijaba un punto elevado, para mirar hacia atrás. Y lo que encontramos -salvo mejor opinión- es una plaza local que salió con ímpetus como para llevarse todo por delante (apoyada en igual actitud del exterior), para después ingresar a una zona de permanentes «chicanas» que los corredores/ operadores debieron -como suelen decir los pilotos de carrerastratar de «negociar», con la mayor presteza y fina sensibilidad en el volante. Recorriendo las ruedas realizadas, por más que se esté marcando un buen rendimiento en el índice de precios ponderado, no existe una continuidad de desarrollos capaces de hacer un cuerpo homogéneo. Es como que después de un pique audaz, retornarán la cautela y los temores. Precisamente, ese tipo de señales que hacen que en el mundo muchos se refugien en oro. Esperar por algo más armonioso es la esperanza.