Toda la maratón, que con espíritu entusiasta siguen llevando adelante los funcionarios para hacer firmar «acuerdos» sobre precios a los empresarios, nos recuerda en mucho a las sistemáticas «cartas de intención» y de acuerdos, entre el Fondo Monetario y nuestros sucesivos gobernantes. Lo único que parece variar es la situación en la mesa: donde el lugar del Fondo pasan a cubrirlo los funcionarios y los diversos sectores van desfilando y echando firmas: a sabiendas de que, en la práctica, todo irá dependiendo de los costos y sus movimientos en el año.
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Sencillamente, porque nadie piensa en que podrá llegar a operar fuera del punto de equilibrio. O quedar con una utilidad acotada al mínimo, con tal de respetar lo acordado.
Cuando los gobernantes firmaban con el FMI, después hacían los que les venía en gana, aunque para el discurso de barricada y cubriendo los enormes errores, siempre resultaron «las políticas del FMI» las responsables de los desastres. Y ahora, seguramente si todo se vuelve a ir de madre, los empresarios argumentarán que las condiciones variaron y que no es posible sostener precios, que son alcanzados por los costos. Como, además, los funcionarios no comprometen igual rigidez y acuerdos con los gremios. O no firman que el contexto seguirá en iguales condiciones que las actuales: todos tienen la disculpa de antemano.
Arreciarán nuevamente los malos humores oficiales, surgirán amenazas, varias de ellas se cumplirán, pero lo que puede estimarse es que todo el paquete que pretenden atar para contener la obesidad de índices: se realiza con hilo de caja de pizza. Un golpecito seco... y al diablo.
Esto tiene tanta credibilidad, como las promesas brasileñas cuando la Argentina va en queja. Después, la verdad del intercambio queda patentizado en la estadística comercial. Es una época de «acuerdos», donde cada una de las partes espera que la otra cumpla con su deber. (Y aprovechamos para aclarar a un par de lectores, que no quedaron en claro respecto de cuando decíamos de parafraseara Churchill. Cuando los ingleses ponían el pecho al avance alemán, en la Segunda Guerra, y los norteamericanos todavía miraban, Sir Winston tomó una legendaria frase de Lord Nelson -el gran vencedor de Trafalgar, deteniendo a Napoleón- y expresó con enorme ironía: «Estados Unidos espera que cada inglés cumpla con su deber...».) Retomando el hilo, podremos avizorar que en el correr del ejercicio se verá una drástica baja de margen en los balances (si se atan a los acuerdos). O bien, una buena cantidad que salte las vallas del papel, desestimando lo firmado si las variables se ponen en movimiento aumentando los costos. No es posible realizar « proyecciones», sobre lo que es mutable.
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