La rueda del miércoles resultó terrible en casi todo el mundo bursátil: y más terrible por aquí. Que ya es lo que venía sucediendo desde que todo este enorme jaleo dio comienzo. Causa probable: que los demás no poseían una tan extraña fórmula alcista como la de Buenos Aires en meses previos, dependiendo del destino de una sola plaza para que le sostuviera el volumen y el índice sobre sus espaldas. Ya ni vale nombrarla (porque todos saben de quién se habla) y es que resultó tan excluyente, tan poderoso lo suyo en la trepada y en la tracción para hacerlo, que hasta trascendió los umbrales de la actividad. Pero la contracara también pertenecía al ciclo natural de cualquier activo, y varias veces nos preguntábamos si el mercado -sus operadores- había hecho previsión para enfrentar los momentos en que la gran «blue chips» porteña entró en la pendiente. Curioso lo de la designación que se da a las grandes líderes de los mercados -a partir del idioma de Wall Street- y es que una «blue chips» es una alegoría donde se comparaba a una acción rectora, como una General Electric, con la ficha de mayor valor que se expone en las mesas de juego: y que es... azul.
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Mezcla de azar y de Bolsa, muchas veces aflora el espíritu de « ficha» y van con todo en una apuesta, decidiendo destinos del poseedor...
El asunto ahora se dio mal, como antes se daba bien. Y en el instante donde había comenzado la convulsión de una ola bajista internacional, a Tenaris esto le atacó de lleno. A tal nivel, que en tal rueda del miércoles la acción cayó 6% en sus precios, con 500.000 papeles y que resultaba cerca de la mitad del efectivo del día. Resultó la baja más rotunda de las que poseen cierto peso en el índice ponderado. Y si se consulta el resultado del listado que no contiene a Tenaris, el «M.AR», se verá que retrocedió en menos de un punto holgado, en relación con el Merval.Y en dos puntos largos de menos que el Burcap, donde más pesa la siderúrgica.
El martes había amanecido un principio de estabilidad, aquí y afuera, que hizo mucho más cruento lo vivido el miércoles. Porque era más lógico imaginar una rueda siguiente con consabidos altibajos, pero dentro de límites gobernables. Y nunca, por caso, pensar en que el Merval pudiera perforar y pasar de largo el piso de 1.700 puntos, hasta llegar a 1.678. Una plaza bursátil que estaba en torno de 25% de alza anual, apuntándole a los 2.000 puntos, en un suspiro se vio como 300 puntos debajo de la cima y reteniendo apenas 10% de beneficio. Refrescando el concepto de que las bajas suelen estar menos presentes en los gráficos, pero su velocidad de erosión es muchísimo mayor. Heridos y contusos varios; algunos..., quizás, en terapia bursátil.
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