... Más justo, imposible. Hablábamos en la columna anterior acerca del muy distinto modo de ver -y penalizar- casos de desvíos en todos los órdenes, entre lo que se hace en el mundo y lo que hacemos aquí. Y de qué manera los sucesivos gobernantes siguen pasando por alto la cuestión. No es muy difícil imaginar por qué nuestros legisladores no atacan el tema, y en varios casos se halló firme oposición a cualquier proyecto en tal sentido (en especial, sobre el delito económico). Muchos siguen repitiendo la misma poesía, compuesta por varios versos, acerca de que «es un problema de educación, etc., etc....» (poema que venimos escuchando desde nuestra niñez y ya estamos en las seis décadas de vida).
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Pero, justo cayó el estallido del tema de las acciones de «Maverick» (curioso nombre, que remeda a aquel simpático cowboy de la serie y que era tan pícaro con las cartas) que fuera adquirida por Tenaris. La SEC de Estados Unidos sacó a la luz supuesta utilización de «información confidencial», en beneficio de gente que está íntimamente relacionada con el grupo comprador. Y que habría adquirido acciones de «Maverick» antes de darse la noticia de la compra por Tenaris. Se verá cómo continúa el caso, al que no estamos en condiciones de juzgar, pero importa que la SEC actuó con suma celeridad, tanto en la investigación como en ordenar un suculento embargo a las personas implicadas (cinco) y que llega a 1,1 millón de dólares. Esto, para nuestro medio, suena a especie asombrosa, inexplicable. Y está bien que nos suene de tal modo, sencillamente porque todas las investigaciones llevadas adelante por nuestra CNV -ante casos similares- han tenido el mismo triste desarrollo. Primero, años de supuesta investigación (hasta el punto de aplicar «sanciones», sobre casos de los que casi nadie podía acordarse). Segundo, en los casos donde se terminaba demostrando algo, involucrando a personas, aplicando multas que eran risibles frente a la gravedad de la acusación. En este último caso, porque las normas y los castigos solamente preveían ese tipo de sanciones. Vale decir, un organismo sin recursos y sin verdadero poder de sanción para dar escarmientos apropiados.
La compra de Terrabusi por Nabisco quedó como uno de los emblemáticos, por el calibre de la acusación y los nombres involucrados -ex directivos de la primera-, pero a simple memoria recordamos el de Indupa, antes de ser comprada por Solvay, y donde después de darle vueltas y vueltas al asunto, terminaron por sancionar a una secretaria y a quien se mencionaba como «su pareja», por una compra ínfima de acciones. Por eso, y por mucho más que siempre quedó en amagos, a cualquiera de nuestro ambiente le puede sonar a asombroso lo que llegó como novedad en estos días. Celeridad para investigar, poder para sancionar, calibre de sanciones, los elementos que tal vez aquí nunca veremos.