Caminando como por arriba de las aguas, deslizándose sin hacer casi ondas que pudieran descubrirla, la plaza accionaria de la pasada semana nos sugirió -justamente- el título del comentario del lunes: «No se sabe cómo fue». Y es que con tanta escasez de órdenes, con un ambiente que no promueve casi nada para detectar entusiasmos, el índice se encontró con mejoría de más de 4% semanal. La visión optimista diría: cuánto podía haber subido, entonces, si es que se movía más en serio la demanda. Pero sabemos los bolsistas que todo es muy relativo. Porque acaso al aparecer mucho mayor poder de compra se activaban «misiles» ocultos de la oferta y así como tiene la versatilidad para acomodarse a lo que haga la contrapartida en una situación, salta presta y se dilata frente a un escenario distinto, más esponjoso. Lo que puede quedar como cierto es que a esa suba semanal conjunta y ponderada no le respondió una base de órdenes acorde. Y el mercado no pudo ver a los indicadores yendo en la misma dirección, alcista, para precios y negocios. Después, por aquello de la manta corta que destapa los pies si tapa la cabeza, también se debería apartar a aquellos a quienes les ha ido bien, regular o mal en el período. Que si algo sabemos es que no está cayendo «maná» gratis, sino que el pseudomilagro pasa por ese mercado que con muy poco carbón en la caldera generó vapor generoso para moverle las ruedas...
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Todo tan relativo y tan frágil, que ningún concepto terminante se sostiene por sí mismo. Todo es para discutirlo, desmenuzarlo, ver hasta dónde puede caber una idea general para englobar el momento. Siempre están los que aseguran que «todo está muy barato». Y en ese instante hay que responder: «Bien, ¿respecto de qué?». Si se trata de cotejar el índice actual, global, con otra marca que hace unos meses orillaba los 2.000 puntos: no vale. Eran otras condiciones, de todo tipo, y no merece tomarse lo mejor de un ciclo pretendiendo que eso sea el parámetro para cotejar. Porque el pesimista podría también decir que «todo está caro», en su caso tomando como lo verdadero el punto más flojo del Merval en estos tiempos.
Y en función de las especies individuales, también hay que ver cuáles podrían considerarse en una vereda o en la otra. Y de acuerdo con qué ratios de medida. Si con el clásico «valor contable», el respaldo técnico que poseen los papeles. O si en virtud del valor del «paquete accionario», en dólares, respecto del historial. O si se trata de querer proyectar resultados, tomando como base un trimestre dado.
No hay cabida, nos parece, para lanzar «verdades bursátiles» que abarquen todo el espectro. Existe una evidente deserción de capital de riesgo, que se traduce no ya como opinión, sino como evidencia en los volúmenes que se recogen. Y en eso: no hay dudas.