Mientras los gobernantes, en plena campaña ya, se encargan de remarcar sus números económicos, los muchachos de los sindicatos toman debida nota de ello y dejan plantado el desafío: «Ya que dicen que hay plata, pues repartan». Entre medio, la función de desinflar un índice de precios que ahora mete más miedo así que si lo hubieran dejado en paz. Porque cuando se pierde lo fiduciario, la confianza en lo que se anuncia, aunque se dejarán ver las verdaderas proporciones, tampoco ya serviría: todos pensarían que es todavía más que lo dicho. Torpezas de quienes quieren torcer las leyes del mercado y hasta rasgar la única línea que nunca se debe rozar, precisamente la del crédito que se da a los actos de gobierno.
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Como simples ciudadanos, nos preocupa ver hacia la inevitable encrucijada en que nos vamos encaminando. Pero, como columnistas de lo bursátil, nos sobresalta qué es lo que irá a suceder con los resultados empresarios si el desboque se produce sin miramientos, respecto de salarios, insumos, tarifas, todo aquello que tiene que forjar el margen bruto de los balances y lo que otorga el respaldo técnico a las acciones cotizantes. Qué queda al inversor racional, dejemos de lado a los que son simples apostadores de lo bursátil, ante el panorama que se le ofrece y en un ejercicio que se irá poniendo todavía más tenso y candente a medida que lo electoral gane el centro de la escena.
Lo más criterioso parece ser el proyectar hacia menos, antes que hacia más. Inclusive, dejar de presumir que lo último conocido se puede mantener en el tiempo, cuando las condiciones tornan a enturbiarse y a no ser las mismas. Ya hay sectores clave que muestran madurez en el ciclo; las notas que hablan de un "parate" en la locomotora de la "construcción" son por todos avaladas. No apareció ninguna voz en contra de ello, descalificando el diagnóstico, y hay que dar por hecho que es así. Asunto más delicado de lo que parece, por el efecto multiplicador que posee el rubro (inclusive, en lo que hace a fuentes de trabajo). Por el momento no en los "automóviles", otro sector clave, aunque puede que no falte mucho para advertir la desaceleración también allí.
Esto del INDEC será una gruesa y larga factura a pagar, aunque los que cometieron semejante barullo y sumieron a la gente en la nebulosa y la desconfianza supongan que lograron el objetivo. A tal punto lleva la soberbia de creer que porque algo se imponga desde la prepotencia del poder será aceptado sin reparos.
Lo cierto es que a las cotizaciones y a la tendencia de un mercado se los abona con aquello que consigan hacer las sociedades empresarias que están detrás. Y en este caso, sería con lo que no consigan seguir haciendo. Un ancla mayor para las expectativas; prepararse para ver cada jornada más nítido que: cada vez cuesta más ganar menos. Y las acciones, adaptándose a eso.
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