30 de abril 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

¿Por qué un gobierno que ha tenido todo a favor se lleva mal con casi todos los sectores? Y sigue dando muestras de gran nerviosismo, discursos y respuestas impulsivas, a través de sus integrantes (la mayor parte de las veces, desproporcionadas respecto del tema que las genera). La pregunta más preocupante sería: ¿cómo reaccionará, en caso de que le empiece a ir mal? Por más que el Presidente se enoje casi a diario, convocando conferencias de prensa para derramar sus disgustos hasta por causas pueriles, lo que se vive indica que hay conflictos permanentes y que no condicen con la imagen de un país al que se ve con condiciones actuales para fomentar la armonía y redoblar sus posibilidades de mejora.

La reciente respuesta, de una también siempre nerviosa ministra de Economía, hacia el Foro Económico Mundial, es otra pieza de tono primitivo, desencajada, fuera de toda mesura que debería mostrar un funcionario de porte. Enviarlos a «embarrarse los pies para ver cómo producen nuestros productores de cerdos...» no es, justamente, un ejemplo de pujanza para querer demostrar el actual poderío y las inversiones. La primera parte de la frase, por no decir toda, es más apropiada para algún tango «rante» que para replicar a una entidad mundial reconocida (en realidad, casi todos los dichos del mensaje merecen que se les ponga música de 2x4).

Y no podía faltar, para estar a tono con el estilo actual, la expresión sobradora: «Señores del Foro Económico Mundial, realmente no nos interesan sus opiniones...». Pero que al derramar tanto inútil enojo y expresiones airadas demostró exactamente lo contrario. Antes que preguntarse por qué había quedado tan rezagada en el listado de países atractivos para invertir, prefirió salir de punta y hacer tabletear un lenguaje sumamente agresivo. Que, por supuesto, no ayudará en nada a cambiar lo opinado (y habrá sido motivo de no pocas comidillas en el Foro).


Y si no se está de acuerdo, que no hay obligación de estarlo, existen muchas maneras de refutar conceptos sin perder los buenos modos. Como dijo Churchill, « cuando se tiene que matar a un hombre, no cuesta nada ser educado» (cuando se lo criticó, porque su declaración de guerra a Japón era conceptuosa). Da la impresión de que para formar parte del gobierno hay que adoptar -aunque no se lo tenga- el estilo de la prepotencia, el malhumor y las expresiones desaforadas.

¿No tiene que ver con la Bolsa? Tiene que ver más de lo que se puede creer. Y si es por lo que vino sucediendo en el año, el espejo bursátil da mucha más razón al Foro Económico que a todo el enojo de los que no resisten opiniones diversas a sus discursos.

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