Se convierte en tema repetido de esta columna. Pero, tan persistente es su presencia en los mercados, que obliga continuamente a marcárselo a nuestros lectores. Todos los que se hayan enterado de la baja del viernes en el Dow Jones, locomotora de gran arrastre sobre los demás, al indagar sobre los causales que se dieron, se tropezaron con esto: «Los decepcionantes resultados de la compañía de Internet Google y del fabricante de maquinaria pesada Caterpillar afectaron a la Bolsa de Wall Street». Y los cables agregaban: «Al igual que en los últimos días, los resultados de empresas marcaban la pauta en Wall Street. Y esta vez, liderado por los decepcionantes resultados de aquellas mencionadas, que no lograron cumplir con las proyecciones de beneficios de los expertos...». Viene bien aclarar -por las dudas- que Google no es que se derritió en sus resultados. Anotó un beneficio superior en 20 por ciento, con u$s 925 millones. Pero, la vapulearon porque «pese a lo cual se colocó por debajo de lo que esperaban los analistas» (tipo de frase que, de por sí, nos produce urticarias desde hace muchos años).
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¡Qué utilización tan canallesca del poder mediático que poseen los señores analistas y afines! Y que en vez de colocar la situación a la inversa, como debe ser, asumiendo que se equivocaron en las proyecciones, es como que salen a penalizar a las empresas que no encajaron en sus deseos.
Esto es que los que bordean el escenario se fagocitan a los verdaderos protagonistas de un mercado: las sociedades, los empresarios que hacen la « economía real» y que deben sortear todos los inconvenientes que se presentan, para poder llegar a obtener la ganancia. Estos generales «de escritorio», los que tejen sus propios números -y en base a ello aconsejan a su clientela en la inversión- después se cubren, pretendiendo que los culpables son los balances empresarios. Que las sardinas no fueron tan largas, como la lata que ellos prepararon.
Y, seguramente, parte de esa clientela que obró en base a tales proyecciones está dispuesta a creer que los falsos «dioses» del mercado no se equivocaron: lo hicieron las sociedades. Se pinta casi como una defraudación, no que la empresa haya venido perdiendo, sino que lo ganado no haya cubierto lo que ellos dibujaban en sus informes. Son los mismos que completan el juego dando conclusiones a gusto y placer, cada vez que el titular de la Fed les deja picando esas explicaciones ambiguas (que fueran motivo de otros «cupones» recientes). ¿Cuál la obligación de las compañías, de tener que satisfacer lo que les piden? El que pagó alto, de más, dejándose llevar por su propia voluntad -o siguiendo informes- es el responsable de lo hecho. Con semejantes argumentos hicieron que el Dow bajara más de 1%, el viernes. Y lo pueden llevar y traer, como una goma, mientras no se produzca una cura sensata y se desacredite a los «hechiceros» fallidos.
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