26 de julio 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

Nos dejó pensando la nota realizada por el colega Pablo Wende, que arranca con expresiones textuales de Miguel Kiguel y referidas, en especial, a lo que se supone un «enigma», por medio del cual no se entiende la razón por la que el gobierno no puede conseguir financiación internacional y, en cambio, cada vez que una empresa local sale a la Bolsa, «hay un alud de inversores dispuestos a comprar sus acciones y bonos, que no dudan inclusive en entrar en lista de espera»... Como el tema tiene que ver con lo que también resulta nuestro entender diario, pedimos permiso y nos introducimos, porque esto renueva considerandos que varias veces describimos y que -nos parece-constituye una mutación singular de roles, tras la historia de estos años.

Llegar a ver que, en nuestro medio, el mercado de riesgo puro -acciones-resulte más seguro y confiable que el de renta fija, el de bonos públicos. Y la realidad vivida es testimonial: las acciones podrán subir y bajar, pero el sistema bursátil -aún en el peor momento de la crisis y cuanto todo podía caber-cumplió con sus compromisos. Y las empresas no estafaron a nadie. Tampoco hubo necesidad de «salvatajes», o de extrañas piruetas, como sí debieron realizarse en todo el plano de lo financiero. Ni vergonzosos « canjes» unilaterales -disfrazados de negociación-y mucho menos los terribles «desagios», efectuados sobre la deuda original. Así como tampoco han quedado boyando por el mundo, los inversores en títulos públicos que osaron no aceptar el amargo menú. Y si las facturas, a la corta o a la larga, se pagan: resulta que hoy en día se pueden comprar papeles de quienes vienen a la oferta pública, de empresas privadas, a sabiendas de que no serán esquilmados con cambios de reglas de juego.  

Sin olvidar, porque está en carne viva, que con el absurdo trato de la «inflación oficial» en estos tiempos, se está produciendo una segunda estafa: sobre quienes poseen los bonos que indexan por CER. Lo que denota que el gobierno argentino puede seguir empleando cualquier tipo de argucias, cuando le desagrada tener que afrontar lo que debe. A nosotros, a la inversa, nos extraña mucho más que no haya existido penalización todavía más severa y que se hayan ubicado emisiones, además del insólito Chávez como si aquí no hubiera sucedido nada.

Alguien que posee bonos públicos es como el que posee un cheque de un fallido: si tiene suerte, llegará a cobrarlo. Pero también aludíamos a la vieja máxima y la parafraseamos: la primera vez fue culpa del emisor, que súbitamente salió con tales artimañas. Pero la segunda ya corre por cuenta de quienes se atreven a estirar la goma, privilegiando renta y no seguridad: tal mutación los convierte en papeles de alto riesgo. Las acciones, los activos, la Bolsa: seguirán cumpliendo.

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