4 de septiembre 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

Como queriendo reforzar declaraciones de una Reserva Federal que no conseguían convencer a nadie, el presidente de Estados Unidos -George Bush-ocupó el centro de la escena. Dato que siempre contiene un «bonus» extra, como para seguir intuyendo hasta dónde caló el meteoro inmobiliario. Ya más importante como figura que Bush no queda nadie: y es la entrada plena de lo político en lo económico. Un tanto atrasado en su diagnóstico, Bush empezó por asegurar que «hubo excesos» en el negocio inmobiliario (¡vaya novedad!) y en virtud de ello «anunció medidas para los prestatarios que ahora no pueden pagar sus hipotecas». Ya en tren de suavizar los ánimos, se animó a calificar de «modestas» las turbulencias que la crisis pudo haber causado en la economía. Y como para dividir el terreno, aseveró: «El gobierno federal tiene un papel en la ayuda a las familias, pero no para salvar a los especuladores». Lo que es parte de una vieja «teoría rosada» -aquí también utilizada cada tantos años-por la que se considera a todos víctimas de los sucesos y a nadie víctima de sus propios excesos, o falta de prudencia en la toma de créditos. Para lo que, en vez de tender un manto de piedad general, corresponde analizar caso por caso y resolver en virtud de ello. Lo que, políticamente, seguro que no es bien visto por los gobernantes, que prefieren pasar a déficit general el monto que se utilice. Tampoco se puede desentrañar qué dice cuando habla de «no salvar a los especuladores», el viejo término generalmente mal utilizado, por propios y extraños de los mercados. En todo caso, correspondería dirigirse a los que «cometieron desvíos» desde sus funciones y responsabilidades (como los propios bancos, por ejemplo). Quitándose de encima -otro gesto muy políticolo que le pueda tocar, Bush le lanzó la pelota de la inacción al Legislativo, respecto de reformas que se dilataron. Como primeros bálsamos curativos, envió «un alivio temporal de impuestos» y a una «iniciativa para evitar la ejecución judicial». (¿ Parece, o será que todos los países, grandes y chicos, se van igualando cada vez más?)

Dice la historia que la « burbuja» que estalló en 2007 se comenzó a inflar hace cuatro años: y que todo tomó un camino fatal cuando los bancos, fieles a su necesidad de competir antes que de respetar sus leyes de oro, con la finalidad de ampliar carteras le comenzaron a prestar -a tasa fija y, después variable-a gente que no contaba con el mínimo perfil de ser un deudor con crédito sólido. Lo demás fue una retroalimentación donde no faltó la «cadena de la felicidad», comprar, esperar que la propiedad suba, revender y hacer la diferencia. Cuando se llegó al techo y vino el reflujo, lo comprado valía cada vez menos, el crédito costaba cada vez más pagarlo. Y así...

Pasaron cuatro años (parece que a la Casa Blanca los informes de problemas le llegaron tarde). Ridículo.

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