8 de abril 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

Un «consejo de consejos» para inversores que se están formando (como, por ejemplo, tan bien lo hace el IAMC en sus cursos de mercado virtual) bien puede ser: respete la luz y la sapiencia que destilan los grandes del mercado, pero no se enamore de ellos. Tendencia natural, también nos ha pasado alguna vez, de encontrar una veta y un faro a quien seguir a rajatabla. Y olvidando que también existen fisuras, o verdades ambiguas, en la escuela de pensamiento que transmiten. El lector dirá que adherimos plenamente a todo lo que ha difundido, y difunde, el veterano general de tantas batallas: Alan Greenspan. Y le decimos que no es así, hay facetas de su actuación y de su pensamiento que no nos promueven la adhesión. Por caso, en estos momentos en los que en Estados Unidos se ha vuelto a colocar sobre tablas una revisión integral y modificaciones a las normas que vienen desde la Gran Crisis de 1929, para colocar frenos y límites de velocidad a la desbordada imaginación de financistas y operadores, seguramente que Greenspan no sólo no esté de acuerdo, sino que hace unos años, todavía titular de la Fed, en 1999: se colocó en las antípodas de ello. En esos momentos, estaba por fenecer su ciclo de actividad pública y se lanzó en la intentona a la inversa. También reconocía la «vetustez» de esas reglamentaciones, como ahora, pero su idea no era adaptarlas a lo moderno, hacerlas más eficientes y más severas en los controles de los desvíos de esta época: sino que quería, directamente, derogarlas. Apelando a la «vejez» de las leyes, en lugar de definir si eran buenas o malas, Alan Greenspan propuso quitarlas del escenario y dar de baja a las normas que regían al mercado financiero. (En aquellos tiempos, ya había sido cuestionado por haber armado «salvatajes» a fondos de cobertura y el sesgo que daba a la Fed, beneficiando sólo a un sector.)

Hasta el momento, no hemos visto declaraciones suyas respecto de las propuestas y proyectos impulsados desde el secretario del Tesoro, pero si no ha variado en pocos años su modo de encarar la cuestión: de modo directo, o adornado, tendría que formar parte de los que están ya «petardeando» el intento de regular a un mercado que se ha vuelto sumamente salvaje. Y que saltó los alambrados precarios, que persistían desde la Gran Crisis.

Fue Franklin Roosevelt, desde que fue candidato, quien llevó adelante el llamado Nuevo Trato y que venía a poner en caja a banqueros y a operadores, tras el desastre de 1929. En su círculo había gente de «la pesada» de aquel entonces -como Joseph Kennedy, padre de John y Bob, entre otros-y que habían participado activamente en realizar masacres de inversores en un mercado que no poseía límites. Estos suponían que era sólo «amenaza de campaña», pero no bien asumió Roosevelt, el Congreso se abocó de lleno a la tarea. La Reserva Federal y la SEC fueron derivados directos de ello. Visto lo actual: oponerse a más severidad es muy sospechoso. ¿O no, Alan?

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