11 de junio 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

La enorme «galleta» -tan precisa expresión que usábamos en otra época-que se sigue enredando en sus propios hilos, sin que se acierte a dar con la punta y poder empezar a desarmarla, resta cada vez más panorama para la inversión. No ya la de riesgo puro, sino la financiera, o la empresaria, incluso tocando a la economía doméstica. Quién puede llegar a tener un pronóstico acertado, sobre lo que pueda esperarse más allá de este presente de enorme «galleta». Y al lado de la nativa hay otra, la internacional, y donde a la preocupación por el vuelo de los alimentos se les vino encima ese meteoro llamado: petróleo. Ya están tirándose de los pelos los gobernantes de países fuertemente dependientes de importaciones. Pero así nomás están los otros, que deberán importar de modo indirecto la escalada de los combustibles. Insumos ligados, derivados, más los fletes y sus seguros incrementos. Y si uno no es dependiente directo, lo es de otro modo, pero recrear una verdadera «crisis petrolera» hace que las postales de aquellas pasadas informen sobre el peligro de economía global en recesión.

No parecen tiempos para dar terminantes consejos de inversión a nadie, a sabiendas de que la mejor de las ideas puede estar muerta, por cualquiera de los puñales que esperan a la vuelta de una esquina.

Pero hay que ir tomando nota de otras cuestiones, que quedan en segundo plano en los análisis que centran todo en las finanzas y las inversiones. El acuerdo europeo sobre poner un freno a los inmigrantes ilegales seguramente que es una luz amarilla para nuestro continente. Tan permisivos como se suele ser con esas situaciones, teniendo puertas abiertas para gente de «buena voluntad»: o para cualquier otra especie que se quiera colar por las fronteras. Lo único que les falta a las Américas es una oleada descomunal de ilegales, que sean rechazados en Europa. Y esto también posee un peso enorme sobre las economías, que no están para andar tirando manteca al techo, sin siquiera dar plena satisfacción a sus nativos.

No podrá terminar el semestre en peores condiciones que las que están a la vista, «galleta» de males externos y de controversias y pleitos locales. Si no se puede llegar a fortalecer una armonía doméstica, temible se hace pensar en cómo se enfrentarán duros desafíos que arribarán del exterior. Para nuestra Bolsa todavía le ha quedado reservada una posición privilegiada -aunque parezca absurdo decirlo así- y en virtud de sufrimientos atenuados, respecto de lo que les está pegando a los otros. Pero ya se ha venido utilizando la ley del último recurso de mercado: comprimirse en sus negocios y aguantar en el embudo.

Dejá tu comentario

Te puede interesar