24 de junio 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

Que el oficialismo, un partido en pleno ejercicio de su poder político, decida instalar carpas propias en un lugar frente al Congreso -que también dominan-y anticipándose a la idea de que habían deslizado los que están en protesta: tiene que ser un nuevo récord de Guinness.

Y otra muestra de esa lucha territorial, propias de otras especies de la escala zoológica. O representación de épocas de guerra y donde el tomar una colina y colocar una bandera adquiría simbolismo, más que efectos prácticos. Pero, allí seguimos estando en un panorama que asemeja solamente una tregua frágil. Donde los funcionarios y voceros del poder se quejan de que las entidades quieran incidir -«apretar»- a legisladores. Que, a la vez, son debidamente «apretados» desde la cúpula gobernante (los gobernadores dispersos y cambiando de actitud, fueron una muestra). Permanentemente invocando a «la democracia», cuando ya no quedan actitudes, ni hechos, ni decires, para arrugarla cada semana un poco más.

Los de afuera, que deben observar atónitos, lo resumen de modo sencillo: para operar en la Argentina, invertir, hay que ser una persona con muy baja aversión al riesgo. En una palabra, debe pertenecerse a la raza del apostador de mercados. Al gran consumidor de adrenalina. Al que tiene al riesgo como un amigo y se arriesga a un todo, o nada. Los demás: abstenerse.

Por lo demás, es cierto que la materia prima está. Hay suficientes sociedades con atractivos, en lo accionario, que constituyen activos muy atendibles y prometedores de buenos recorridos. Nombres se pueden tirar como al pasar, lo que siempre evitamos para que alguno, no se lo tome como que es una inducción a la compra. Hay columnas, en otros medios, que se dedican a ello con entusiasmo lo que -probablemente-genera « rating» y lectores, ávidos de conocer los datos, versiones, chismes, o hasta ingeniosas tramas para que el potencial inversor dirija su dinero hacia un punto recomendado.

Preferimos así evitar el nombre propio de una acción, porque -además-no todo se resuelve destacando a las « buenas», o «baratas», por alguna causa. Siempre hay que ubicar a la supuestamente selecta, en relación con el precio que tiene de mercado. Y encontrar dónde hay una evidente falla de valoración, que no es lo más común. Lo contrario, es lo habitual: que una buena pieza accionaria posea también un buen precio, acorde con lo que se puede estimar. O estando cerca de un techo. Y con eso tampoco está todo resuelto, porque hay que situarla en relación con otras acciones de perfiles similares, pero de precios diversos. Y por sobre todo, estimar la tendencia que lleva el mercado. Y si las condiciones de contexto le otorgan estímulos y una dirección concreta. Y todo vuelve al punto uno: las carpas del oficialismo, una señal inaudita.

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