4 de julio 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

A nuestra Presidente alguien le sopló al oído la palabra « timba» y no tuvo mejor idea que entusiasmarse y -como quien dirá algo brillante-lanzarla en medio de un conjunto de delegaciones que casi nada entenderían de término tan poco académico, muy de la jerga lunfarda en nuestro ambiente doméstico, que por sobre todas las cosas luce sumamente inapropiado, en boca de un primer mandatario, y en foro tan selecto en participantes. Obvio, lo que ella denominó como « timba» resulta el mucho más universal término: «especulación», que no es otra cosa que intentar adivinar el futuro y proceder conforme a ello. Ya que muchas veces, en especial su marido Néstor, gustaron de citar a Keynes, bien podría releer el ejemplo que daba el legendario economista acerca del agricultor que especula, en virtud de lo que pudiera suceder con su cosecha, etc., etcétera.

Lo más desconcertante es que nunca se sabrá a qué destino apuntaba en su discurso y en la crítica encendida a las cotizaciones -«timba» incluida-que alcanzaron los alimentos, o también el petróleo.

Acaso un remate coherente hubiera sido que, en virtud de las distorsiones que la oradora remarcaba nuestro país había decidido vender la soja cien dólares más barata, o el petróleo a no más de noventa dólares, por caso. Si bien esto parece un absurdo, también suena del mismo modo que un líder en vender y sacar partido del mercado -y festejar las subas-se coloque en víctima de tales ascensos, a través de querer juzgar a los participantes de esos mercados. Fue como escuchar a quien se sirve del plato abundante, colocándose el ropaje del necesitado. Fascinante.  

Lamentablemente, señora Presidente, su gobierno también especula -o bien, como le guste más, «timbea»- al querer aplicar retenciones superiores a la exportación porque están previendo que los alimentos van a seguir subiendo. Creen interpretar cómo vendrá el futuro en las cotizaciones y, en base a ello, actúan. Tan simple como eso. Tanto como sucede en todo mercado de oferta y demanda libres. Y donde no existe la mano de un Moreno para crear un mercado artificial, ilusorio. La ineficacia de tales métodos se está sufriendo ahora, donde la verdad fluye sola y se llegó al extremo de negar y falsear índices, como último recurso.

Alguien, que no sea un obsecuente, podrá explicarle de qué manera actúa la especulación y lo necesaria que resulta, para lubricar y dar vida permanente a las transacciones en los mercados. Y tenga por seguro que así como hay ganadores, también quedan densas columnas de perdedores al especular. (Vea qué sucedió con lo inmobiliario, en Estados Unidos.)

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