15 de septiembre 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

Mientras los empresarios ya se están poniendo los pilotos y abriendo los paraguas, por el frente de tormenta sindical que se ha plantado en el horizonte, y que abarca a todos los rubros de trabajo, ni palabra se dice acerca de poder adecuar los números «históricos» de los balances, haciendo un equilibrado «ajuste por inflación». Con lo cual, tanto se sirven de la torta los que trabajan en las empresas como el fisco desde afuera de ellas. En el medio queda una pequeña palabra -utilidad- que se seguirá adelgazando en muchos casos. Y se cambiará por otra -pérdida- en tantos otros, que venían en el límite de la absorción de costos. Ya los gremios y sus líderes dicen sin tapujos: queremos «una compensación por la inflación...». Y no es el ministro de Trabajo el encargado de decirles que de, acuerdo con los índices oficiales, lo que pretenden es descomedido y fuera de todo parámetro.

Si se agregan permanentes subas en materias primas, lo mejor es prepararse para que los balances futuros no caigan como una sorpresa desagradable. Es, simplemente, una sumatoria de cargas fijas que influirán en los costos, comiéndose puntos de margen y en un mercado de consumo que se ha ido replegando en estos meses.

Impidiendo traslados a precios, sin correr con los riesgos de perder competitividad. Y donde esos traslados puedan hacerse, en cierta medida, lo que generarán será otra vuelta de tuerca sobre la inflación real, que es la que todos reconocemos en el país: menos los hacedores de los datos del INDEC. Un juego perverso, de los tantos ensayados en estos años por una política plena en estratagema, que se va haciendo un círculo cada vez más estrecho. Nudo de una soga que terminará por asfixiar a los que han venido falseando las leyes de mercado.  

Sin hablar de una complicada región, que entró en colisión política con el líder natural en el continente, está claro que la tendencia del mercado bursátil local se ve atormentada por cuestiones externas. Y se revuelca en problemática doméstica, como la mencionada.

No pasará mucho para que el empresariado, aunque se ha querido mantener sin irritar al soberano, parta con algunas de las «ideas» que suele ensayar (en tal caso, siendo tan simples y previsibles como los gremialistas) y que pasan, o bien reclamar cierta devaluación. O intentar algún escudo proteccionista.

Los asuntos han ido confluyendo hacia un centro del escenario que ya entró en ebullición. Y se puede afirmar que en estos meses estamos en el peor valle de expectativas racionales, desde buen tiempo a esta parte. Momento donde el inversor bien haría en privilegiar la sanidad estructural de las sociedades cotizantes. Las sumas acumuladas favorables. Las reservas especiales. Y las mejores defensas del rubro.

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