15 de octubre 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

Lunes de repunte. No; lunes de rabia parecieron tener los mercados del mundo, mientras en Buenos Aires se seguía en el fin de semana largo el gris de un día horrible en lloviznas, con los operadores palpitando qué sucedía en el exterior. Finalmente, la idea de unirse ante el peligro -la idea más potable que pudiera surgir- pareció ser la mejor, para que la gente pudiera dar un primer suspiro de alivio. Discernir si fue demasiado el rebote o si se trató de un simple reacomodamiento técnico no tiene mucho sentido en estas circunstancias. La profundidad de los daños asumidos en la semana anterior daba para justificar cualquier densidad de repunte: de todos modos, resultaban tan desmedidos unos golpes de mercado, como otros. Sabe el lector que solemos no prestar demasiada atención a primeras expresiones de los mercados, cambiando violentamente de signo.

Y deberá pasar bastante agua bajo los puentes, emparejando tantas posiciones que quedaron desordenadas en todos los recintos, para poder cerrar la herida enorme que -sin ser la causa-debió la Bolsa mundial asumir sin quejarse.

También, deberá esperarse que vuelvan a sus bases los tantos «opinadores» arribados a playas bursátiles, atraídos por la «sangre» que se destilaba y llenando espacios: «porque la gente quiere saber esto».  

Si esto es, o no, una verdadera y sólida bisagra, que cambie el sentido del curso anterior, tendrá que demostrarse a través de cierto tiempo. Lo más peligroso es que se forme una opinión inmediata, jubilosa, sobre que el desastre ya pasó: y se encuentren los recintos con una secuela que suele ser tanto, o peor, que la inicial. Lo importante -humildemente, nos parece- es poder llegar a un punto donde lo que se pise resulte terreno firme, de una buena vez. Ya con eso, lo restante es solamente cuestión de tiempo y de saber que si hacia abajo se pudo blindar lo que se pisa, lo que quede tendrá que ser lateral, muchas veces, con otras veces vertical. Pero, siempre, en actitud de recuperar algo de lo tanto cedido antes.

Cuando apareció la nota del viernes, en tapa, el título debió abreviarse. Era solamente la cita a una frase clásica de los mercados: «Los árboles no crecen hasta el cielo. Pero, las raíces no llegan al infierno...». La finalidad: solamente recordar la confusión que se genera entre valor y precio, en los activos que se maltratan con tanta falta de respeto y sin recordar que hay detrás empresas que no están en disputa. Y que constituyen la base de una economía. La sugerencia: no regalar, liquidando de mala manera. Si a algunos les sirvió, bienvenido sea. Pero, no todo está resuelto. Ahora, importa la paciencia.

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