17 de octubre 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

Pasar de la depresión a la euforia, visto en días pasados entre lo que fue la desolación de un viernes con lo jubiloso de un lunes inmediato, podría encajar en lo que hoy está tan de moda: ser un inversor «bipolar» y sufriendo las consecuencias que derivan de tal tipo de personalidad. Así, se expusieron los mercados a sufrir una recaída -que llegó con toda crudeza el miércoles- y formando el «diente de serrucho» más indeseado: donde la baja, después del rebote, deja a los pisos más abajo que antes del impulso alcista. Y, peor todavía, produce una mella mayor en los espíritus que si la situación se hubiera prolongado sin el rebote intermedio.

Desde aquí suspiramos por la «meseta», nada más que por ella, o por una saliente de donde asirse el racimo de índices bursátiles con tal de frenar la caída. Primero, encontrar un punto donde apoyar un pie, de manera confiable. Después será cuestión de tiempo, y de muchos pasos laterales, idas y venidas, encontrar una senda para ir subiendo del fondo del pozo. Nada de eso estuvo sucediendo, solamente se vieron torpes golpes de mercado que pusieron la situación de desconfianza en su punto máximo. Pero hubo contribuciones gratuitas -ese mismo miércoles- de un modo inconcebible y partiendo de funcionarios de alto rango, en la Fed, que parecieron decirles a los desesperados náufragos que el bote de goma que habían encontrado, en realidad, tiene una pinchadura. Y que no se alegren mucho, porque la aleta que se acerca no es de un bondadoso delfín, sino de un tiburón. Metáfora para no reproducir palabras textuales de Bernanke, y un director del organismo, que detrás de lo que pareció ser una actitud favorable a las últimas noticias, salieron a recordar que todo sigue muy mal. No por sus palabras se derrumbaron de nuevo los índices, pero es seguro que su especie de «aporte» pulverizó cualquier resto de defensa que podía surgir.  

Bush y su gabinete ya parecen los rusos en la Segunda Guerra, abandonando en poco tiempo el gobierno pero, dejándole tierra arrasada, e incendios por doquier, al siguiente intrépido presidente de Estados Unidos. Que, casi seguro, no será de su partido (sabido que en situaciones malas, la gente vota contra el oficialismo).

A la ausencia de líderes creíbles, lo que ya constituye un grave problema: se le agrega una verborragia y una incontinencia de los que parten, que esterilizan sus propias y tartamudeantes medidas. Los que están en Bolsa deben pensar en más allá: ¿y qué pensar de un gobierno que se estrene, haciendo experiencia al andar, debiendo manejar semejante frente de problemas? Acaso lo que esté por llegar esté carcomiendo de miedo, tanto o más, que el pésimo presente. Y hay buenas razones para ello.

Dejá tu comentario

Te puede interesar