Felisa Miceli iniciará hoy por la noche un breve viaje a España, destinado casi exclusivamente a presentarse en un escenario internacional. Es una operación de riesgo controlado: antes que ella viaja, hoy, Alberto Fernández. Además, la agenda que transitará Miceli fue cuidadosamente elaborada por el embajador Carlos Bettini, quien pasó la semana pasada en Buenos Aires en contacto con las principales figuras de Madrid interesadas en la peripecia argentina.
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La primera de esas personalidades es Miguel Sebastián Gazcón. Se trata del economista que atiende la agenda económica en La Moncloa, junto con Pedro Solbes, el ministro de Finanzas, el técnico determinante del pensamiento de José Luis Rodríguez Zapatero en la materia. Sebastián querrá, seguramente, saber sobre el tratamiento que tendrán las empresas españolas durante el próximo año. Debe recordar que, a fines de 2004, el jefe de Gabinete ya había prometido un programa de aumento de tarifas posterior a las elecciones. Llegó la hora.
Claro, esta inquietud derivará en el otro problema para el que Miceli deberá encontrar un discurso convincente. Tanto delante de Sebastián como también en la presentación ante la Cámara Española de Organizaciones Empresarias (CEOE), la ministra tendrá que hablar del problema de la inflación, el primero de la agenda pública argentina según la estrategia de comunicación que viene llevando hasta ahora el gobierno de Néstor Kirchner. Los empresarios querrán conocer las estrategias previstas por Miceli en materia de precios. Es lógico: si el gobierno argentino no encontró estímulos políticos para ajustar las tarifas en un momento de estabilidad de precios, ¿por qué lo haría en otro de inflación?
No debería imaginarse, más allá de estas inquietudes principales, un trato agresivo para Miceli. Primero, porque Bettini conoce como pocos el entramado español y seguramente ha sido cuidadoso en esta primera exposición de la ministra en el exterior.
Segundo, porque el titular de la CEOE, José María Cuevas, se ha transformado en un amigo de Kirchner después de un par de malos tragos. Para la memoria: en esa cámara empresarial, el Presidente exhaló sus primeros reproches al empresariado peninsular, durante aquella visita de julio de 2003. En febrero de 2004 el santacruceño y Cuevas hicieron las paces en Madrid.
• Dimensión
En la cámara de empresarios la ministra y Fernández podrán encontrarse con los principales hombres de negocios de España, todos ellos con intereses en la Argentina. Por la dimensión de su compañía, pero también por el nuevo juego de alianzas que se abrió en la Península a partir de la derrota del Partido Popular, el máximo referente de esa liga es, informalmente, Antoni Brufau, el presidente de Repsol YPF. Es probable que Miceli tenga una reunión independiente con este ejecutivo.
Este viaje de la flamante titular de Economía será especialmente ilustrativo para otra dimensión principal de su tarea: las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional. Ella estará en Madrid con varios interlocutores habituales de Rodrigo de Rato, con quien ya mantuvo el primer contacto. Obviamente, la relación con ese organismo internacional será materia de todas las conversaciones.
Si para Miceli el viaje puede resultar excitante, para su acompañante Alberto Fernández tal vez signifique un alivio momentáneo. Desde las elecciones de octubre viene soportando lo que los brasileños, con sorna, denominan «inferno astral». Se trata de esa seguidilla de desaciertos y hechos contrariados que hacen suponer que todos los astros se alinearon en contra. Respirar el frío madrileño y reencontrarse con algún amigo en la capital española pueden ser, entonces, un buen programa. Si de esto nace una alianza más activa con la ministra, mejor.