Desenlace obvio: los precios aumentan por la crisis de energía

Economía

Más allá de que el clima juega a favor en esta semana -por ello bajó el consumo de gas y electricidad-, lejos está la crisis energética de quedar atrás. Se mantienen las restricciones vigentes a las industrias y a los comercios, y ya se observan subas de precios y faltantes de algunos productos. El pan ahora está aumentando hasta 20% en varias provincias y también en la Ciudad de Buenos Aires. Pero hay más consecuencias, todas previsibles con las medidas que se vienen adoptando. Al campo, por ejemplo, le faltan fertilizantes. El resurgido Guillermo Moreno ordenó que generadores de electricidad no utilicen más gas y sí fueloil y gasoil. Ahora, estos dos últimos son los que comienzan a escasear a pesar de las importaciones (de Venezuela, claro). El sistema eléctrico, así, está en función de que no se demore ningún barco que trae esos combustibles al país. Las suspensiones de personal continúan. Lo único alentador para el gobierno es que llega el fin de semana en el que, obviamente, la demanda de las industrias es menor.

La advertencia ya había sido planteada: la crisis energética y la suba incontenible de los insumos comenzaron a repercutir en los precios de productos sensibles de la canasta familiar, como el pan, que ya cuesta hasta 20% más por kilo en varias provincias y en algunas panaderías de Capital Federal.

Incluso, de mantenerse el actual esquema de restricciones energéticas que afectan también a los molinos y cerealeras, en 15 días podría no haber harina para producirlo. De hecho, hace cuatro días que se registra una importante escasez.

«Los molineros racionan porque la falta de energía afecta su producción. Si esto sigue, la semana próxima habrá desabastecimiento», advirtió el titular del Centro de Industriales Panaderos de Córdoba, Luis Rodríguez.

«Es imposible seguir manteniendo el precio del pan debido a las subas incontenibles que registran los insumos como la harina, que alcanzó un alza de 25 por ciento», coincidieron sus pares de Corrientes, Catamarca, Santa Fe y Mendoza, donde desde hoy también habrá que pagar más por un kilo de pan flauta.

Por su parte, el presidente de la Federación Argentina de la Industria del Pan y Afines, Rubén Salvio, explicó que «los valores que se manejan para las materias primas, principalmente de la harina, hacen muy difícil sostener estos precios».

Pero no sólo influyen en el costo del pan las variaciones en el precio de la bolsa de harina. También subieron los combustibles y los repuestos de las máquinas de las panaderías. El año pasado, el gobierno y los industriales firmaron un compromiso que fijó en $ 2,50 el precio del kilo del pan tipo francés, valor que sólo se mantendría si no se registraba una variación en los costos de los insumos básicos. Ahora, con la suba de la harina y las restricciones energéticas, los precios volvieron a dispararse.

De esta manera, el pan francés pasará a costar 3 pesos el kilo, mientras que los panes especiales (miñón, flauta) que estaban en 3,50 aproximadamente el kilo, costarán 4,40.

  • Desolador

    Con todo, pese al optimismo del gobierno por haber redireccionado en las últimas horas las prestaciones de gas para beneficiar a industrias, la situación energética en el interior del país muestra un panorama desolador.

    Mientras los molineros dicen que trabajan a 30% de su capacidad por los cortes de energía, los sectores frigorífico y lechero mantienen su malestar, al tiempo que varias industrias continúan con las suspensiones temporales de personal debido a los problemas para abastecerse de energía.

    Por caso, las plantas industriales cerámicas de la provincia de Neuquén acataron las normativas de la Secretaría de Energía de la Nación reduciendo y suspendiendo diferentes líneas de producción, lo que repercute en la disminución de la cantidad de horas laborales.

    En paralelo, se mantiene la preocupación de las principales cámaras industriales y empresarias del país por la merma en la productividad, al tiempo que varios gobernadores ya han comenzado a pedir a los consumidores domiciliarios un uso racional de la energía.

    Otra economía regional clave que sufre las consecuencias de la crisis energética es el sector vitivinícola de Mendoza y San Juan, fundamentalmente. Por ejemplo, el grupo Peñaflor, que nuclea a siete importantes bodegas mendocinas, dejó de fraccionar más de 500 mil litros de vino durante el período de restricción de energía, que lleva ya una semana y media. Una situación que también padecen 17 mosteras cuyanas que deben utilizar grupos electrógenos para no frenar la producción de mosto, que mayormente se utiliza para endulzar jugos naturales.

    Para el sector, la caída en el fraccionamiento repercute, además, en la imposibilidad para cumplir en término con los compromisos de exportaciones asumidos. Según proyecciones de los empresarios vitivinícolas, los principales grupos trabajan a 50% de su capacidad.
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