15 de septiembre 2003 - 00:00

Detrás de los sorprendentes logros de Kirchner con EEUU

Hay que partir de la base de que las tratativas de gestión del presidente Kirchner se hacen en un círculo tan cerrado -no más de 5 personas de su absoluta confianza-que lo que se puede informar tiene que ser siempre de fuera del gobierno, del sector de quienes están en el otro lado de la mesa de la discusión, cuando los hay. Una vez más se ha dado esto en la gestación del acuerdo acotado con el Fondo Monetario o quizá pueda decirse con Estados Unidos para que lo materialice el Fondo.

La información que emana del gobierno está filtrada para que trascienda lo que alguno de los apóstoles quiere que se diga y la versión de hechos que el gobierno quiere que se presente. Por caso, negaron que el presidente Bush haya comenzado «a cobrar» el haberle dejado «ganar» a la Argentina en la gestión del acuerdo, al requerirle mode-ración en las exigencias en la trascendental reunión de Cancún de la OMC. Sin embargo, es así.

Cuando muchos comentarios coinciden -por ejemplo, más habitual en columnistas de fin de semana-, funciona la influencia del gobierno en la difusión. En unos casos, por entregar alguna información. En otros, porque los medios son amanuenses del oficialismo.

Si se quiere, es comprensible: para Kirchner casi es tan importante acordar con el Fondo, aunque sea sólo por 12 meses, como mantener la imagen presidencial en el frente interno. De esa imagen de fuerte más que de lo institucional, que dominan otros, depende la ejecutividad presidencial.

La solución con el Fondo puede llevar a nuevos sacudones internos fuertes si entre las condiciones de la firma llega a estar hasta llevar soldados argentinos a Irak.

Entendamos también que el tercer default argentino ocurrido, aunque más no sea por 48 horas, es muy grave aunque también se lo quiera disimular. Pesará siempre en el «sumario» argentino para cualquier gestión futura, como no se olvida el que declaró Adolfo Rodríguez Saá en diciembre del año 2001 con acreedores privados en medio de la algarabía deplorable de miembros de nuestro Congreso (se está haciendo, dicho sea de paso, un estudio sobre videos de quienes más se alborozaron de pie en aquella jornada de vergüenza nacional).

Tampoco se olvida el default, breve, de Eduardo Duhalde con el Banco Mundial y no se olvidará, aunque haya quedado superado rápidamente, éste de Néstor Kirchner con el Fondo Monetario. Igualmente marcará a Lavagna, sin relieve en la decisiva fase final de este acuerdo acotado, cuya continuidad como ministro se fundamenta más en el deseo de Eduardo Duhalde que en el del actual presidente de la Nación aunque le pidió la permanencia pero, como se dice en economía, en un «punto de indiferencia» en cuanto a que se quede o se vaya. Sobre todo a partir de que el remate oficial confirmatorio del acuerdo por parte de funcionarios del Fondo le llegó al Presidente vía el titular del Banco Central, Alfonso Prat-Gay, con quien pidió dialogar Anne Krueger, vicepresidenta del Fondo, que se niega a conversaciones con Lavagna más no sea para una ratificación de lo acordado en niveles más altos que ella.

• Destacable

En su faz conocida, el acuerdo acotado (a 12 meses para refijar luego metas) con el Fondo tiene dos características destacables. Una, muy visible, es que un país en los últimos años defaulteado dos veces -y desde el martes pasado tres- recibió más de lo supuesto -aquí y en exterior- que podría obtener. Tanto es así que hay reacciones de otros países celosos, inclusive más importantes para Estados Unidos, como puede ser Brasil o algunos europeos, por la diferencia de trato.

El otro aspecto destacado es que no hay dudas de que fue directamente Estados Unidos el que impuso al organismo aceptar condiciones excepcionales para la Argentina. La orden del Fondo vino directamente de John Snow, secretario del Tesoro norteamericano y, por derivación de George Bush, aunque éste no apareció abiertamente hasta que el viernes habló con Kirchner para dar la bendición a lo que ya conocía. Más aún lo había dispuesto vía Snow. Ya se conoce el resto, que Meg Lundsager, representante del gobierno de Estados Unidos en el Fondo, fue tajante para cortar la dureza contra la Argentina.

«Mi país considera que es bueno el acuerdo para ambas partes y hay un programa sostenible», dijo en nombre de Snow. Punto final a la discusión porque Estados Unidos, por sus aportes, es el socio más decisivo en el Fondo, aunque haya grandes discusiones que aquí se cortaron. Flotaba cierta desautorización a muchos directores del organismo, como igual aquí al ministro de Economía, Roberto Lavagna. A los directores y al ministro «los pasaron por arriba». Ciertamente, no se ve en lo acordado, más allá de la meta fiscal atenuada, ningún «plan sustentable», como siempre exigieron desde el titular del FMI, Horst Köhler, hasta la durísima antiargentina Anne Krueger. El acuerdo es más político que económico, jugado por Kirchner por arriba de Lavagna y directores del Fondo.

El tercer aspecto destacable ya lo señaló este diario la semana pasada. Es que se considera muy hábil la gestión del gobierno argentino en esta encrucijada, que mantuvo casi dos días en default total al país. A Estados Unidos no le importaba pero a Kirchner sí el frente interno, donde hace malabares entre Duhalde, el PJ y la izquierda nativa para mantener una cuota razonable de poder, dada su debilidad de origen. Desde la Asociación de Empresarios Argentinos (AEA) a casi todo ese espectro de la izquierda nacional, incluido parte de la ultra (sin duda no Luis Zamora, Partido Obrero, piqueteros línea Aníbal Verón, entre otros) aceptaron el acuerdo con el FMI. Una hazaña, sin duda, y además considerándolo un duro luchador que impone condiciones nada menos que al Fondo, a EE.UU. y hasta al nuevo «imperialismo europeo» (invento kirchneriano).

Hay mucho por conocer todavía de la carta de intención a suscribir. Por ejemplo el «Club de París» no es un organismo como el Fondo con directorio ejecutivo sino un agrupamiento operativo pero donde cada país resuelve individualmente sus cuestiones. Claro, cabe pensar que si Estados Unidos fue tan tajante para decir que «este acuerdo vale», y tienen «plan sustentable» podrá influir en demoras de pagos a países, aun de Europa.

Esto es lo importante; el cambio de opinión terminante de Estados Unidos en este caso argentino. Informó el diario oficial del gobierno, «Clarín», que: «Hay una certeza, la Argentina no piensa hacer desembolsos a los privados en los próximos años, lo cual excluye a los bonistas defaulteados». Lo ratificó Lavagna ya que «nos insultarán en varias lenguas» (tenedores de títulos alemanes, japoneses, italianos). Sólo EE.UU. en el mundo puede apañar a un gobierno para que haga eso.

Incluir pago a los acreedores externos privados de bonos argentinos en el pequeño margen de 2,4% de PBI el año próximo -o sea 3.300 millones de dólares-dejaba ya escaso margen para que cobraran (el otro 0,6% es de provincias para llegar a 3% del PBI). Decir ahora --y a través de un vocero oficial del gobierno como «Clarín»- que no están incluidos en el ahorro de este acuerdo acotado y que «cobrarán en años» significa dos cosas. Una sería que la estrategia frente a acreedores privados será proponerles no quita de capital e inicio de pagos sino mantener el valor nominal de los bonos defaulteados pero a cancelar en no menos de 20 o 30 años, o sea una inversión de muy largo plazo y quizás a una tasa de 2 por ciento sin pagos en años iniciales.

Pero también ratifica que el gobierno de Kirchner -quien directamente dialogó con funcionarios en Estados Unidos vía intérprete, inclusive a veces más de una hora-asumió más compromisos de los que a simple vista se anunciaron.

Esto ha llevado a análisis porque para desafiar con diferencias a Lula Da Silva y países europeos, los «compromisos extras» tienen que ser grandes. Lo prueba el enojo del ministro Roberto Lavagna, a quien le desautorizaban desde la Casa Rosada compromisos y frases del acuerdo -perpetuas exigencias duras del Fondo- que el ministro ni siquiera había podido pensar que no existirían.

Quienes así analizan lo que trasciende del exterior señalan que Kirchner tuvo que dar de palabra concesiones importantes a Estados Unidos. La novedad -que sorprendió a Lavagna-es que no habría concesiones extras por carta paralela secreta a firmar junto con el acuerdo público, dentro de las formas tradicionales del Fondo. Aquí estaba la palabra del Presidente, o sea un mandatario electo constitucionalmente que tiene más de 4 años de gestión por delante. Muy distinto de la palabra de un simple ministro.

• Ajuste tarifario

Así se sostiene que la Argentina no va a lograr postergar totalmente el ajuste tarifario en empresas privatizadas. Es hábil logro de Kirchner que no figure ningún cronograma ni fechas en la carta de intención. Pero se otorgarán aumentos, quizá luz y gas el mes próximo o subsiguiente. Otros a comienzos del año próximo, sin anular contratos pero ejecutando análisis serios y dando el gobierno idea de firmeza para mantener la imagen que Kirchner quiere preservar para el frente interno, tanto en los sectores de centroderecha como los de izquierda. Pero habrá aumentos. Tanto mira hacia adentro Kirchner que inclusive se asegura que dará golpes de efecto fuertes. Por caso, en días haría caducar la concesión del Correo al grupo Macri. Se lo dijo a voceros de izquierda que le desconfían de las «condiciones extras» con el Fondo.

Convenció también de no incluir la compensación a los bancos por los amparos. Es sorprendente que EE.UU. haya aceptado esto con muchos bancos norteamericanos en el país. ¿Sacrificio de propia tropa para enfrentar críticas de Europa? No se sabe pero es tajante la negativa (ver nota «Trascendieron detalles...»).

• Figura novedosa

Irrumpió la estratagema del Fondo de lanzarle, a último momento, al filo del default, que debía pagar los vencimientos con el organismo y que al cabo de 10 o 12 meses recién le devolvían los montos como «nuevo préstamo». Kirchner observó la habilidad del otro lado para lanzar una cláusula terrible, pero sólo para negociarla. Quedó en que pagará los vencimientos a término, y lo más cercano posible le otorgarán el «nuevo crédito» equivalente, aunque con varios centenares de millones menos. Pero también aquí salvó imagen.

Todo bajo la novedosa figura de la palabra del Presidente como aval, no la de un ministro que puede renunciar o ser renunciado, a lo que se agrega que los europeos han señalado que «Lavagna no tiene palabra, ha mentido». Hasta el Fondo sabe que Lavagna mintió en el pasado. Se lo reprochó públicamente hace pocos días su directorio, por ejemplo cuando nuestro ministro informó que se habían suprimido planes de reducción previsional que afectaban la recaudación, y estaban vigentes. Es indudable que Lavagna quedó devaluado en este acuerdo acotado con el Fondo, que se gestó sin él en sus partes principales. Pero es cierto que Kirchner lo quiere retener. Puede serle útil como otros -Daniel Scioli, por caso-sin ser de sus apóstoles, pero tras marcarle a fuego su autoridad.

Todo Kirchner lo negoció, pero no como imposiciones a firmar, aunque en realidad las termine otorgando. Igual habría algo más bajo el aval de la palabra presidencial para lograr un Estados Unidos tan comprensivo y dejándole ante el mundo a Kirchner la impresión de ganador de la puja por las condiciones del acuerdo. Aquí las versiones dicen que el presidente argentino se comprometió en un tema crucial para Estados Unidos, donde nadie internacionalmente -y menos países europeos-lo ayuda: envío de tropas a Irak. Lo más que aquí Kirchner habría logrado para llegar al acuerdo es que sea bajo alguna, aunque mínima, intervención de la ONU. Y hay quienes aseguran que este año volvería a cambiar el voto argentino en la condena a Cuba por violación de los derechos humanos. Sería así de condena y no de abstención, o sea, como antes. Difícil confirmar tantas variantes, ninguna a la vista.

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