El regreso de dos amigos, clave para destrabar la negociación

Economía

Lideran el Comité de Acreedores de Argentina (15% del total de los bonos a renegociar) y presentaron una de las contrapropuestas de los bonistas. Buscan "reclutar" otros acreedores hoy díscolos con el país.

Dos viejos y, en parte, fieles amigos volvieron a trabajar con el país. Los fondos de inversión Gramercy y Fintech, de los pocos con los que Argentina contó para que actuaran a su favor en los años más duros del “juicio del siglo” contra los holdouts, se convirtieron en los últimos días en el nexo con varios de los más importantes tenedores de deuda a reestructurar. Ambos fueron los principales impulsores de la contrapropuesta de los acreedores más accesible para la discusión (la otra, la de BlackRock, resulta para el oficialismo inabordable), y sobre la que se elaborará ahora la nueva oferta del Ministerio de Economía. Si se llegara a un acuerdo final, será, en parte, por la acción directa que estos fondos están ejerciendo como negociadores entre las partes, acercando bonistas dispuestos a dialogar y a funcionarios de Economía que, ahora sí, parecen buscar una solución definitiva al conflicto y evitar el default.

Gramercy y Fintech acumulan, junto con otros fondos menores, un 15% del total de la deuda en renegociación, con lo que su apoyo está lejos de garantizar un acuerdo final. Sin embargo, hoy son los principales impulsores de un diálogo fluido y “de buena fe”; y, en las últimas horas, los de más llegada a los despachos oficiales dispuestos por el Gobierno para encontrar vías de comunicación sólidas y, fundamentalmente, secretas y confiables, entre Buenos Aires- Olivos y Wall Street. Si bien se mantuvieron firmes y unidos con los primos más belicosos de BlackRock, Ashmore, Fidelity y Pimco para rechazar la primera oferta de Martín Guzmán el 8 de mayo pasado; una vez lograda esa primera victoria en las negociaciones, se reconvirtieron en el grupo de acreedores más dispuestos a dialogar mejoras.

Se separaron así de BlackRock y sus aliados, y comenzaron a trabajar en una contrapropuesta que, luego de idas y vueltas de consultas entre los propios fondos y alguna que otra llamada clandestina a Buenos Aires, fue enviada formalmente el viernes pasado a Economía para su estudio y seguro posterior rechazo. Sin embargo, esta serie de ideas para que sus clientes “ganen menos” (según la promesa de Alberto Fernández) tiene la misión de convertirse en la plataforma sobre la cual, modificaciones mediante (a favor de la Argentina) se conviertan, eventualmente, en el proyecto final sobre el que debería elaborarse un acuerdo. Gramercy y Fintech tienen ahora otras dos misiones por delante. La primera es comenzar a acercar otros fondos de inversión militantes en los otros dos grupos asociados (el Ad Hoc de bonistas de BlackRock, Fidelity, Ashmore; y el Grupo Titulares de Bonos de Canje); y que en conjunto suman hasta un 40% del total de bonos a negociar. La intención es lograr una masa crítica de aceptación previa que supere el 50%, y que le pueda pelear de igual a igual la presencia en la mesa de negociaciones al BlackRock y compañía. Según se asegura en Buenos Aires, Gramercy y Fintech están dispuestos a la contienda. La segunda misión que tienen los fondos es más compleja.

Deben mantener la paz negociadora si, como todo indicaría, las negociaciones no se cierran en tiempo y forma antes del tic tac del reloj que vence el viernes, día en que el país debe pagar los u$s503 millones del vencimiento del 22 de abril pasado del Global. El 23 de mayo, si no se liquida ese dinero, el país entraría en default técnico, situación que no salvaría el hecho de mostrar que efectivamente se está negociando y, quizá, a punto de lograrse un acuerdo. La tarea de Gramercy y Fintech será la de comunicar al mundo financiero que todo está en camino de solución y que los mercados no deben caer en la desesperanza, sino aguardar futuros resultados positivos.

El Gobierno confía plenamente en lo que puedan aportar Gramercy y Fintech. No por fe o ideología, sino por su pasado de comprobada y ratificada alianza. Ambos fondos tienen una historia de relación importante con el oficialismo, desde los tiempos del segundo llamado a reestructurar la deuda en default de 2001, organizado por el Ministerio de Economía que manejaba en 2010 Amado Boudou. Tanto Gramercy como Fintech no habían ingresado en el canje original (el lanzado por Roberto Lavagna como ministro de Néstor Kirchner), amagando con sumarse a los litigantes contra el país que en ese momento reclutaban el Fondo Elliott de Paul Singer y el EM Dart de Kenneth Dart. Sin embargo, hacia comienzos de 2010, se habían reconvertido en los mejores interlocutores que tenía la Argentina en el mercado de bonistas aún en default, y junto al Palacio de Hacienda diseñaron la oferta de reapertura de deuda que llevó la aceptación final al 93%. Luego, el 7% restante, avanzaría en el “juicio del siglo” contra el país, litigio que Argentina perdería contra los fondos buitre liderados por Singer. En esa causa, tanto Gramercy como Fintech mantuvieron su rol de aliados del Gobierno de Cristina de Kirchner en contra de Singer y el resto de los demandantes, al punto de presentarse como “amigos de la Argentina”, declarando públicamente ante el juez Thomas Griesa a favor de la posición local y en contra del reclamo de los fondos buitre.

La alianza con el último Gobierno kirchnerista fue tan sólida que llegó hasta una presentación conjunta en diciembre de 2012 ante la Corte Suprema de los Estados Unidos bajo el grupo “non party apellants”(integrado también por la reserva Federal y el Gobierno norteamericano), para que la posición de la Argentina sea escuchada en aquellos tramos finales del juicio contra los fondos buitre. Finalmente, la historia es conocida. El máximo tribunal norteamericano falló en contra del país, se perdió la causa y recién en abril de 2016, con el Gobierno de Mauricio Macri en su comienzo, el país pudo llegar a un acuerdo con aquellos acreedores beligerantes, previo pago de unos u$s9.000 millones.

La buena relación entre Gramercy y Fintech con el actual oficialismo continuó sólida con los años. Gramercy tuvo participación en las operaciones de compras de los juicios que empresas multinacionales, especialmente de origen norteamericano, mantenían contra la Argentina ante el CIADI, a precios más que bajos. En octubre de 2013 se cerró un acuerdo con el país por el cual el Ejecutivo se comprometió a cerrar varias de estas causas ante el tribunal internacional, liquidando los procesos abiertos por los casos de Vivendi Universal (Aguas de Aconquija) y Azurix (Agua Potable de la Provincia de Buenos Aires). Por su parte, Fintech, propiedad del magnate mexicano David Martínez, mantiene una más que sólida relación casi directa con varios de los principales referentes del kirchnerismo, y se convirtió desde la llegada de Alberto Fernández al poder en uno de los voceros directos e indirectos del mundo financiero internacional (y nacional) con el Gobierno. Su principal activo en el país es ser uno de los socios de Telecom (junto con Clarín y el Estado argentino a través del FGS de la ANSES).

Gramercy y Fintech repiten ahora la misma estrategia que habían desplegado durante la etapa kirchnerista. Enemigos y litigantes contra el país primero, y aliados incondicionales después. Ahora, luego de haber rechazado la propuesta de Guzmán, se convirtieron en el nexo con los acreedores para lograr una solución final. En días se sabrá qué tan efectiva será esta nueva experiencia en la sólida alianza con el país.

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