28 de septiembre 2001 - 00:00

Diálogos en Wall Street

(El diálogo es con un operador de la Bolsa de Nueva York, a quien se lo denomina Gordon Gekko, por el personaje que interpretara Michael Douglas en la película «Wall Street». El tema es el rebote de las acciones y las posibilidades de recuperación en el futuro.)

PERIODISTA: Wall Street busca un equilibrio. Hemos sufrido fuertes caídas -atravesando la peor semana desde la Depresión-pero también un repunte vibrante. Un rally que surgió de las cenizas. ¿Cómo terminarán de acomodarse las piezas?

Gordon Gekko:
Mi impresión es que se habilitará un nuevo rango de precios. Con techo en los precios anteriores a los atentados y con un piso que todavía está por identificarse. Y se operará entre esas bandas hasta que los fantasmas que ahora abundan se corporicen en mínimas certidumbres. Todavía es un mercado gobernado por las emociones...

P.: Es un rango de negociación muy amplio.


G.G.:
A tono con los mayores riesgos que se perciben. Si usted quiere capturar compradores genuinos de acciones debe tener a mano la expectativa de una suba de 10%/15%. De una suba rápida como la que vimos a comienzos de semana. Si no, conviene sentarse a esperar.

P.: ¿No cree que la Bolsa haya establecido un piso tras los atentados?


G.G.:
No. No lo creo.

P.: ¿La recuperación que estamos observando es un movimiento engañoso? ¿Una trampa para incautos..?


G.G.:
Tiene todos los rasgos.

P.: ¿Como cuáles?

G.G.: Es muy punzante. Sin que medie nueva información. O sea una típica cobertura de posiciones cortas. Sucede luego de ocho o nueve ruedas consecutivas de bajas. Y hay un frente -armado de apuro pero uniforme-de recomendaciones generadas por la industria que alienta a los pequeños inversores a volver al ruedo. Usted puede palpar la sensación de alivio. Tanto entusiasmo en este nivel de cotizaciones es más una señal de debilidad que de fortaleza.

P.: ¿Todavía quedan penurias por delante?


G.G.:
Es claro que el mercado procura estabilizarse y ello vendrá de la mano de muchas idas y vueltas. El rally que vimos es una señal de que se ha habilitado otra vez un camino de doble vía en la Bolsa. Usted tiene que monitorear sus «shorts», las posiciones vendidas en descubierto. Ya no puede vender impunemente. Como tal, el rally es un hecho positivo si usted reconoce, de antemano, sus límites.

P.: ¿Las acciones no están baratas acaso?


G.G.:
Mucho más que hace un mes. O que hace un año. No hay dudas.

P.: Entiendo que cuando Abbey Cohen, la gurú estrella del mercado alcista, sostiene que el mercado está barato, no mira hacia atrás sino que apunta hacia adelante.


G.G.:
Que el mercado exagere el impacto de la oleada de atentados es muy lógico. Estamos ante una sobrerreacción que quizás no haya terminado. Mi impresión es que consumirá tiempo. Si mañana se entregase Bin Laden, el salto de las acciones sería tremendo. Si la Justicia Infinita se realiza en tiempo tan finito, la Bolsa es una gran oportunidad. Si su resolución se dilata, no veo razones para apurarse. Con cualquiera de las dos definiciones, empero, la Bolsa luce onerosa si uno compara con un patrón histórico de valuación. Aunque esté lejos ya de los ribetes groseros que vimos a comienzos de 2000.

P.: Hay un modelo en boga -cuya autoría se adjudica a la Fed-que también señala que la Bolsa está valuada por debajo de su justa medida. Compara las acciones -sus ganancias-con el rendimiento que arroja un bono del Tesoro de 10 años.


G.G.:
Lo conozco. Usted necesita las ganancias de los próximos doce meses de las compañías para alimentar el modelo. En la medida en que las proyecciones de ganancias han sido permanentemente más altas que las realizadas, aun tomando el modelo al pie de la letra, objetaría sus predicciones. Y otro punto delicado es que el riesgo corporativo tanto como su percepción están en aumento. De manera muy pronunciada.

P.: La diferencia de tasas entre bonos de empresas y bonos del Tesoro se ha acentuado.


G.G.:
Así es. El modelo captura ese efecto como una «subvaluación» de las acciones. Pero ello no es necesariamente correcto. La prima de riesgo, en rigor, está retornando a estimaciones menos sanguíneas que durante los años de burbuja. En lo que sí coincido es en que las acciones se han abaratado. Que es lo que le dije antes.

P.: Uno de los efectos negativos que podía acarrear la guerra con el terrorismo era el aumento en el precio del petróleo. Es muy llamativo que el barril se derrumbe cuando todavía gobierna la incertidumbre sobre la marcha del conflicto.


G.G.:
De todas las noticias, ésta ha sido la mejor. Para la suerte de la economía, digo. Los mercados están incorporando en los precios un escenario en el que no prevén perturbaciones serias en la provisión de combustible. Cuando estalló la Guerra del Golfo en el '90, el salto en el costo de la energía fue un invitado inoportuno que profundizó la recesión.

P.: Paradójicamente, si los mercados disparan una baja generalizada en todos los commodities, lo que están diciendo es que esperan una recesión. Con una fuerza que no tenían en mente antes de los atentados.


G.G.:
Mejor así. Es preferible precios en baja porque se aguarda una recesión que la situación inversa. Resultará más sencillo acomodar una Fed agresiva y, a la par, redundará en una mejora en el ingreso disponible de consumidores y productores.

P.: Acaba de difundirse el último informe sobre la confianza del consumidor y no trae buenas noticias
.

G.G.:
De las respuestas 88% está tomado antes del ataque a las Torres Gemelas. O sea revelan una fragilidad de ánimo que ya venía de arrastre. El mes próximo completaremos una visión más acabada. Mi impresión, sin embargo, es que el gasto de consumo es mucho más resistente que las mediciones de la confianza del consumidor. Así sucedió a comienzos de año. Igualmente las espaldas del consumidor no resistirán el peso de sacar a flote a la economía. Ese rol lo jugará el gobierno con la política fiscal. En un par de semanas, pienso, tendremos novedades.

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