Diálogos en Wall Street
(El diálogo es con un operador de la Bolsa de Nueva York a quien se lo denomina Gordon Gekko por el personaje que interpretara Michael Douglas en la película «Wall Street». El tema es el comportamiento irregular de Wall Street a pesar de los buenos indicadores económicos y la pérdida de confianza que generó el caso Enron y las irregularidades en las recomendaciones al público para adquirir acciones de Internet.)
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Gordon Gekko: Vimos la semana pasada una suba del NASDAQ de 7,5% en una sola rueda. Pero, aun así, el mercado devolvió casi todo el avance. No fue una señal muy alentadora. Más bien un típico rally de mercado bajista («bear»).
P.: Pero parece que después del informe de ventas minoristas rebrota el entusiasmo...
G.G.: Así parece. Veremos si el mercado tiene resto. La dificultad de este mercado pasa por no poder sostener una postura. Ha ensayado movimientos en ambas direcciones pero le falta remate, una definición.
P.: No se marca una tendencia nítida.
G.G.: Tal cual. Es evidente de que no hay convicciones.
P.: ¿Cuánto sigue afectando el caso Enron? Uno adivina que en Wall Street la procesión va por dentro...
G.G.: No es sólo Enron. Ni la contabilidad. Es una estela que arrancó con Enron pero sigue ahora con la investigación de la Comisión de Valores referida a cómo las Casas de Bolsa empujaban la compra de acciones a través de sus recomendaciones a los inversores. Cómo los analistas, por ejemplo, aconsejaban calurosamente comprar acciones de Internet cuando se dirigían al público...
P.: Mientras en privado sostenían otra posición.
G.G.: O decían, lisa y llanamente, que esos papeles eran basura. Hay e-mails internos donde aparentemente han quedado registrados los exabruptos.
P.: La muralla china que debía separar la banca de inversión de las actividades de corretaje de acciones parece que no era tal...
G.G.: Es lo que está bajo la lupa de la Comisión de Valores. Es una situación muy delicada. Tanto que las firmas han pedido que las actuaciones no se hagan públicas para evitar un daño mayor en su imagen.
P.: Sin embargo, habrá una pérdida de confianza de la que Wall Street no se podrá sustraer...
G.G.: No hay dudas. Aunque la pregunta relevante quizás sea si esta pérdida de confianza es causa de la debilidad que se observa en los mercados. ¿O es, simplemente, su consecuencia?
P.: ¿Usted qué piensa?
P.: Mientras la bonanza duró, todo estaba bien...
G.G.: No había manera de instalar el escepticismo en tanto el mercado alcista («bull») fuera tan desbordante. Mientras la acción subió de precio, le recuerdo, la contabilidad nunca fue un problema para Enron.
P.: La economía puede ayudar a superar el trance. Luce muy saludable. Más allá de que la tasa de desempleo haya trepado a 6% cuando nadie lo esperaba.
G.G.: Lo único seguro, hoy por hoy, es que la economía dejó atrás la recesión.
P.: ¿Eso es seguro? ¿Con el desempleo subiendo más de medio punto en los últimos dos meses?
G.G.: Sí, claro. Es la contrapartida de un crecimiento muy vigoroso de la productividad.
P.: Trepó 8,6% en el primer trimestre... No parecen los números de una economía tan avanzada como los Estados Unidos.
G.G.: Son cifras contundentes. Permiten entender la singular coexistencia que se verifica hoy en día entre una economía que crece a buen ritmo y una suba también significativa de la tasa de desempleo.
P.: No parece que 8,6% sea la velocidad de crucero a la que viaje la productividad en el tiempo, más allá de un ocasional trimestre...
G.G.: No lo es. Con lo cual la tasa de desempleo debería corregir hacia la baja. La productividad creció 4,3% en el último año. Esa es una mejor aproximación sobre la tendencia subyacente...
P.: Nada mal por cierto.
P.: A más de 4,3%. ¿O me equivoco?
G.G.: Está en lo correcto.
P.: Quizás sea pedir demasiado para una economía que recién se asoma a la luz después de una suave recesión...
G.G.: En ese caso veremos un patrón similar al de 1991-1992. La gente discutía si la economía norteamericana había emergido o no de su fase de contracción. Se hablaba de una recuperación económica que no creaba empleos (la productividad mostró también un salto espectacular en 1992). Extrapolando, Jeremy Rifkin escribió un bestseller en aquellos años que se llamaba «El fin del empleo». No sé si lo recuerda. Fue paradójico porque no hubo ciclo que creara tantos empleos en los Estados Unidos como el que estaba comenzando en esos días...
P.: ¿Cómo se lee todo esto para la Bolsa?
G.G.: Es muy positivo para las ganancias de las empresas. Los costos laborales cayeron 5,4% en el primer trimestre cuando se los corrige por la productividad (y venían de retroceder 3,1% en el cuarto trimestre). Usted está reconstruyendo la capacidad de generar ganancias. Sin necesidad de subir los precios de venta.
P.: Y sin embargo la Bolsa titubea. No se sube a la euforia. ¿Cuál es la trampa escondida?
G.G.: Esa es la falta de convicción a la que hacía referencia. Esa es la diferencia principal que separa a Wall Street hoy de lo que era apenas hace un par de años.




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