La Argentina está «bastante cerca de convertirse en un importador neto de petróleo» a raíz de la caída de su producción y una mayor demanda de energía, por lo que hace falta que aumente las inversiones en el sector energético, afirmaron expertos de la calificadora de riesgo Standard & Poor's.
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También advirtieron que «llevará tiempo» para que la Argentina se pueda abastecer desde Bolivia del gas natural que necesita para asegurar su matriz energética y el crecimiento económico.
Añadieron que hacen falta «inversiones bastante significativas» para el abastecimiento de gas boliviano y que ya puestas en marcha por el Estado argentino no son suficientes a mediano plazo para poner a tono al sector energético.
El experto Pablo Lutereau reseñó que entre junio de 2002 y junio pasado, la demanda de energía creció 25%. Destacó que los períodos de escasez de energía en la Argentina «son cada vez mayores» desde la crisis energética de 2004, cuando se comenzaron a racionar las exportaciones de gas natural a Chile.
«Se agotan las reservas» de hidrocarburos, y 40% de la electricidad que consume el país proviene de represas, «es decir, que depende de las lluvias en el Norte o las nevadas en el sur del país», apuntó el expositor.
Comentó que los precios relativos de la energía se distorsionaron desde la devaluación del peso, en enero de 2002, que puso fin a casi 11 años de una relación de uno a uno entre el peso y el dólar, y el congelamiento de las tarifas de servicios públicos.
Sin embargo, Lutereau sostuvo que ese congelamiento «es sólo un factor» de distorsión de los precios en el mercado energético de la Argentina. «Más importante que las tarifas es la renegociación de los contratos», aunque destacó que el costo de la energía en la Argentina «equivale a un tercio del chileno, que atrae inversión privada».
Bolivia, con la que la Argentina firmó un contrato de provisión de gas hasta 2027, «no es toda la solución» para los problemas energéticos argentinos, aseguró. Agregó que hacen falta « inversiones bastantes significativas» tanto para explotar las reservas de hidrocarburos bolivianos, nacionalizadas el 1 de mayo pasado, como para tender el gasoducto del Nordeste.
El experto calificó positivamente las inversiones públicas previstas por el gobierno en el sector energético (unos u$s 8.000 millones hasta 2010), pero consideró que eso no evita «la incertidumbre que se genera en el mediano y largo plazo».