7 de diciembre 2004 - 00:00

Dicen que la demora en el canje aumenta la presión sobre los acreedores

La demora en el canje de la deuda en suspensión de pagos de Argentina ha aumentado la presión sobre los acreedores para aceptar una oferta que no les satisface, pero que es mejor que nada, según dijeron a EFE ex altos funcionarios del FMI.

Michael Mussa, ex economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI), cree que el retraso de la que será la mayor operación de reestructuración de deuda de la historia no es accidental.

"Creo que los banqueros internacionales les dijeron a los argentinos y ellos recibieron otras informaciones que indicaban que será poco probable que una gran mayoría de los acreedores privados extranjeros aceptarían la última oferta" del Gobierno, dijo Mussa.

Las autoridades de Buenos Aires habrían pensado "que lo que el mercado necesita es un poco más de tiempo para darse cuenta de que no vamos a pagarles más de lo ofrecido", que es un 25 por ciento del valor de los títulos, añadió el economista.

El director del Instituto de Economía Internacional, Fred Bergsten, coincidió en que el aplazamiento del canje, que se debía haber realizado el pasado 29 de noviembre, "huele a una continuación del duro regateo por parte de los argentinos".

En cambio, Claudio Loser, ex director del departamento de América Latina del FMI, cree que el retraso no fue a propósito, sino consecuencia de la decisión del que iba a ser el agente de cambio, el Bank of New York, de retirarse de la operación.

Esa fue la razón oficial del aplazamiento, junto con los problemas encontrados para lograr el visto bueno al canje de bonos por parte de la Comisión de Valores de Italia, país donde 250.000 pequeños ahorradores poseen papeles en mora, cuyo valor total supera los 100.000 millones de dólares.

Pero Loser está de acuerdo con Mussa en que el resultado final del atraso es otra vuelta de tuerca a los acreedores. "Mientras más tiempo pase, más miedo tienen de que no van a recibir nada", señaló.

Algunos de ellos han demandado en los juzgados estadounidenses a Argentina por ruptura de contrato en un intento de recuperar más de lo que Buenos Aires les ofrece por los títulos.

Sin embargo, la vía legal no augura resultados seguros, según los expertos, ya que el país posee pocas propiedades en EEUU que puedan ser embargadas, y la inmunidad diplomática protege a la embajada y los edificios consulares.

Dado que la economía argentina está creciendo a pesar de no recibir inversión extranjera, el tiempo es un buen aliado de Buenos Aires para lograr que los acreedores engullan la oferta, pero los retrasos a su vez le crean problemas con el FMI.

Las negociaciones sobre su acuerdo crediticio conjunto deberían comenzar en enero, pero el Gobierno y el organismo han reconocido que la demora en la operación de canje las ha aplazado.

Las dos partes han tenido una relación tensa este año por sus desacuerdos respecto a los progresos de Argentina en las conversaciones con los acreedores, la aplicación de reformas fiscales y del sector bancario, la revisión del plan energético y la política relativa a las empresas privadas de servicios públicos.

Ante la discordia, el gobierno de Néstor Kirchner suspendió en agosto el programa con el Fondo para concentrarse en la operación de canje de la deuda, pero los temas pendientes volverán a la mesa cuando las negociaciones se reanuden.

Argentina ha dejado de recibir este año 2.675 millones de dólares en préstamos del Fondo por la interrupción del convenio y Loser cree que es muy probable que este organismo no soltará ese dinero de una vez, sino que exigirá una reestructuración de los créditos.

El FMI también podría requerir la negociación de un convenio nuevo y otra opción es que Buenos Aires simplemente renuncie al apoyo de este organismo, con lo que tendría libertad para dirigir su política económica y sus relaciones con los acreedores exento de las presiones del Fondo.

Los 20.000 millones de dólares que acumula en divisas extranjeras le dan margen para hacer frente a los 5.721 millones de dólares que debería devolver al Fondo en 2005 y los 4.893 millones de 2006.

Sin embargo, esos pagos unilaterales reducirían su liquidez, al tiempo que la falta de un acuerdo con el FMI podría asustar a posibles inversores extranjeros, según Loser.

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